1 ago. 2011

Cuando casi lo perdemos, entonces.

¿Cómo explicarlo? Bueno, nunca pensé que tomaría una decisión así en la vida, pero creo que aquí, en este grupo de aventureros chiflados, todos decidimos algo importante cuando estamos a punto de perder a quienes amamos.

Y es que así es la vida, un día llegas a una ciudad preciosa, dónde sus habitantes conviven con la naturaleza, haciendo sus hogares sobre los árboles o en su interior. Todas las ciudades me empezaban a parecer monótonas hasta que llegué a esta. Y lo mejor fue cuando visité la feria. Su música, sus gentes, los espectáculos que hacían reír no solo a los niños e intrigaban a los más mayores, y el aroma que desprendía cada puesto, tan diferentes unos de otros. Lo más curioso fue aquella casita a la que al final acabé entrando. A pesar de ser de día y estar las ventanas abiertas, la luz parecía esquivar aquel lugar. Una anciana bastante peculiar empezó a hablar sobre el futuro. Nunca me había creído esas cosas, y aún no alcanzo a comprender lo que vi.

Contemplé una especie de gema plateada, cubierta por un único rayo de luz que venía de un lugar remoto. Después se rompió, y al instante me vi volando, surcando un cielo despejado. No me di cuenta hasta que terminó la predicción de que había prestado toda mi atención a ella.

Al contárselo a Ethan, por lo menos me tranquilizó diciéndome que parecía un buen augurio. En fin, después paseamos por la feria, ya era de noche y los espectáculos habían dado comienzo. Tras un pequeño accidente con una ballesta (yo, mi torpeza y mi capacidad de ser tan bruta) fuimos a ver un pequeño teatro. Por desgracia, casi al final del acto, la sesión fue interrumpida por Los Atalayas, acusando de contener blasfemias. Desde luego, no aceptan una pequeña crítica. Pero bueno, Ethan y yo tuvimos que irnos, siendo discretos, ya que esa gente no ve con buenos ojos las relaciones entre distintas razas.

También me di un pequeño susto al saber que mi hermano y Sol estaban en la feria, pero llegué a tiempo de evitar que Iefel fuera tan descarado como para darle la mano en público. Y después llegó todo.

Animé a Iefel para que le confesara sus sentimientos a Sol, ya que podría haber malentendidos. También le dije que no se emborrachara, y confiada, volví a mi habitación en la posada. Curius llegó gritando que se habían llevado a mi hermano (que estaba borracho, como no). Sentí arder mi sangre y cogí mis armas para asaltar lo que fuera.

Lo más curioso fue ver a Sol, cuyos ojos estaban cubiertos por la sombra, pero aún así se podía percibir la furia que sentía. ¿Quizá más que yo? O tal vez de forma diferente. Y ahí fuimos los tres, al palacio de la “justicia”. Lo asaltamos librándonos de algunos guardias, aunque Sol no se libró por completo de uno de ellos. Algo que no sé decir muy bien lo que es, nos sirvió de guía para llegar hasta Iefel. Estaba encerrado en la parte más baja de aquel lugar, siendo azotado por una criatura que parecía estar como… cosida con trozos diferentes de algo parecido al cuero.

Abrí la puerta sin dificultad y comenzó la pelea. Sol comenzó a invocar algo, pero se vio interrumpido con un hachazo en el pecho. Yo también intenté hacer algo, aunque no servía de mucho. Las bolas de fuego lanzadas por Ethan tampoco le hacían daño. Y entonces… en un momento de su despiste, aquella criatura cogió a Ethan y le dio un fuerte golpe contra el suelo, dándole de lleno en la cabeza, que desprendió un sonoro “crack” y después comenzó a sangrar.

Su cuerpo inerte, como un muñeco sin vida permaneció en el suelo durante todo lo que quedaba de pelea. Yo daba golpes ciegos, mis lágrimas evitaban que viera bien donde lanzaba los ataques, y finalmente Sol consiguió invocar algo que provocó la muerte de aquel ser. Aún así, continué golpeando y cortando su cuerpo sin vida.

Después… fui a ver lo que quedaba de Ethan, lo cogí con suavidad y… con todo mi histerismo comencé a darle bofetadas gritándole que despertara. Entonces, como un milagro, me hizo caso. Estaba vivo, y necesitaba atención urgente. Con grandes esfuerzos, conseguimos salir de allí a pesar de que Iefel y Ethan estaban casi inconscientes. Tras llegar a la posada, busqué un curandero y lo dejé a solas con Ethan. Mientras tanto, fui a hablar con Sol.

Estaba tan claro como el agua, era obvio que lo que él sentía por mi hermano no era solo una gran amistad como él quiso darme a entender. Y ya por fin se lo sonsaqué, y le advertí que pasara lo que pasase, deberían ser discretos. Al salir de esa habitación supe que cuando los viera de nuevo ya no serían solo maestro y sucesor. Lo mejor es que me siento feliz por ellos, a pesar del miedo que tengo a que les ocurra algo malo.

Como he mencionado, somos tan idiotas todos, que solo decimos lo que realmente sentimos cuando la persona que amamos está en una situación peligrosa. Eso les ha pasado a ellos, a Ethan en su momento y… a mí me ha conseguido cambiar en una decisión. Abrazada a él una vez curado, me di cuenta de que lo eterno no existe, nada físico, nada abstracto. Ni nosotros ni nuestros sentimientos son para siempre. Por lo que debemos aprovechar nuestra corta existencia para demostrar que al menos durante ella intentamos que todo ello sea eterno.
Y la mejor muestra de amor es a la vez mi decisión. Quisiera pasar el resto de mi vida con él, antes de que el Destino decida separarnos. Pero lo lamento, es tradicional que sea la mujer la que conteste al hombre con un “sí, quiero”, a pesar de que no soy una mujer de tradición. Sin embargo en esta ocasión, esperaré a escuchar de sus labios un intento más de escuchar esas palabras salir de mí.

[Diario XXXIV]

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