19 abr. 2018

La primera vez que llegó le reconocí en apenas un vistazo. No había significado nada, ni tampoco había vivido algo importante con él. Sin embargo, verlo en mi ciudad, buscándome, me impactó al momento.

Llegó a la ciudad haciendo saber que me buscaba. Cuando al fin nos reunimos realizó aquella petición. Quería que fuera su Maestra. Desde luego, lo rechacé al momento. Recientemente Iefel y Sol acababan de marcharse, no me sentía con las fuerzas necesarias para ello. Y, para colmo, Zekkyou estaba en el final de sus días.

Afortunadamente, a pesar de sus insistencias, acabó por marcharse.

Años después, regresó sin esperarme que traería nuevos compañeros de viaje. Me contaron que coincidieron en el camino con la misma ambición, y que no pensaban renunciar a ella. Pero yo no quería discípulos, yo no estaba hecha para ser Maestra. Debo admitir que me sentía poderosa por decir que no, sin embargo algo en la mirada de esas cuatro personas me hizo dudar. Dos hermanas, jóvenes, prometedoras. Un muchacho que todavía tenía un poder en bruto dentro de sí, y Ekaris a quien ya conocía y a quien recordaba por no saber cuándo rendirse. 

Se me ocurrió algo descabellado. Les ofrecí una prueba, algo que deberían superar para ser dignos de mí. Supongo que en ese momento me dí cuenta de mi arrogancia, y pensé que Sol estaría orgulloso. Otros quizá no. También les insistí en que solo tendrían una oportunidad. De no superar la prueba, desharían camino y no volverían nunca más a mí.

No me esperaba que aceptasen, sin embargo marcharon. Aún no estaban preparados, ellos lo sabían, y ese hecho me sorprendió gratamente. 

En el tiempo que estuvieron fuera estuve pensando en qué podría consistir la prueba. De tener a Iefel, a Sol, a Zekkyou o incluso a Nemus, quizá podría haber sabido más fácilmente qué hacer. Pero estaba sola, y cuando estoy sola, se me ocurren locuras. De hecho, llegó un punto en el que pensé que quizá ya no volverían. Desde que les ofrecí la prueba hasta que regresaron pasaron casi dos años. No me había olvidado de ellos, y para mi desgracia o quizá fortuna, tres de ellos superaron esa prueba que yo creía imposible para cualquiera. 

Pero ellos no eran cualquiera. Ekaris, Isha y Malva lo lograron. Temía no cumplir con sus expectativas, pero me esforzaría al máximo. Eso me prometí.

Lukar... por desgracia no superó la prueba. Aún recuerdo aquella mirada cargada de frustración y un leve destello de ira. Le habría dado otra oportunidad, sabía que dentro de él emanaba un gran poder. Sin embargo, no podía retractarme de mis palabras. Acababa de empezar, el primer paso en falso ya supondría hacerme indigna de ser llamada Maestra.

Con el tiempo se corrió la voz. Por suerte ya sabía qué hacer. Muchos no lograban superar mi prueba, otros pocos sí. Al final, reuní un pequeño grupo de personas capaces, ambiciosas y prometedoras a mi alrededor que poco a poco se hacían más fuerte.

Y a mí, me hacían sentir más orgullosa.

13 mar. 2018

Después de tu marcha

Dejarla de nuevo en manos de sus compañeros de viaje no era fácil. Solo de acercarnos ya era patente todo el poder que emanaba ese grupo, quizás demasiado para siquiera un tanteo de capacidades. Quizás hubiera sido divertido, en otras circunstancias, cuando tenía un poder casi sin límites gracias a mis hermanos de la Luz... pero no era el momento.

Volveríamos a nuestro refugio para seguir acumulando fuerzas, recursos, efectivos, poder y sobre todo la capacidad para inspirar un temor que bastara para generar respeto hacia nuestra pequeña iniciativa. Pronto no sería tan pequeña ni pasaría inadvertida para el mundo en el que estábamos. Reconstruyendo de unas ruinas que podían haberlo sido todo.

Me bastaba con saber que podría recordar que le perdoné la vida y que no le hice más daño que unos pocos sustos que la pusieran en su sitio.

En el futuro, podría recordarme con al menos no demasiado odio y quizás no rechazar futuros proyectos, ideas por nacer... y un mundo por rehacer.

Porque ahora que he experimentado la asfixia de una entidad superior que lo requiere todo, absolutamente todo lo que tienes y tendrás, incluso tu vida... no desearía un mundo así para nadie más. Así que podemos, uniendo mi nueva visión del mundo y su inestimable compañía... crear grandes cosas.

5 feb. 2018

Él apenas acababa de irse, o eso les parecía a las dos personas que, como rehenes, quedaron expuestas a un peligro del que no sabían si llegarían a sobrevivir.
Mientras el resto de personas hablaba tranquilamente como si estuvieran en un bar de copas, Archie y Emily se miraron atemorizados.

- No llores...-Le dijo Archie.-No va a pasarte nada.

Pero ella, sin poder evitar sentir ese pánico, simplemente lloraba.

Y los primeros diez minutos pasaron demasiado deprisa. Quizá incluso ni siquiera pasaron, quién puede saberlo.

- Probemos el primer disparo.-Anticipó Nikolay, girando el tambor rápidamente hasta detenerlo y apuntar a Emily sin pensarlo.

- Espera.-Pidió Archie.-Empieza conmigo, con ambas pistolas.

Nikolay sonrió, curioso.

- Me encanta cuando pasan estas cosas.

Y la otra persona que sostenía el siguiente revolver, hizo los mismos gestos que Nikolay. Ambos entonces, apuntaron a Archie y apretaron el gatillo, provocando un ruido que apenas se percibió a causa de un fuerte golpe, un grito y un gran revuelo.

1 feb. 2018

Un sacrificio

La capital de fe en el plano material era siempre visible par mí, desde que soy capaz de acceder a este lugar. Es como un faro, una luz que siempre soy capaz de ver en la distancia. En los últimos tiempos era más débil, más difusa. Quizás fuera lo que marcaba el curso de la guerra.

Nunca pensé que acabaría marchando hacia allá, parecía que esa luz que siempre podía ver estaba marcada para ese momento. Y es que no estaba dispuesto a dejar que se marchitara en mis brazos.

Desde que soy lo que soy, tengo pocos recuerdos de lo que llamaba vida. Pero sí recuerdo el día en que la maldición cayó sobre mí. Me encontraba a solas, en las ruinas de algún lugar que debió ser importante para mí.

Y de entre las sombras, bajo los escombros, aparecieron. Sin forma, sin volumen, pero con una inquietante constancia. Me tomaron y me llevaron a un plano del que ya no podía escapar, obligándome a cambiar, como el que atraviesa una puerta sin que haya espacio para poder respirar en el proceso. Doloroso para el alma, inolvidable.

No quería ofrecerla para que lo experimentase. Necesitabamos huir, aunque fuera el último acto que realizasemos juntos. Ella, en su faro de fe, sabría perdonarla. Nunca sería mía encerrada en el dolor que a mí me había marcado. Aunque volviese a sangrar todo lo que era mi ser, ella volvería a vivir.

Quemazón

Cuando desperté apenas podía distinguir la realidad de los sueños. Todo lo ocurrido anteriormente resultaba completamente irreal, lejano. Lo único cierto de lo que estaba viviendo era ese quemazón que recorría todo mi cuerpo abrasando mi piel. Había fuego y nadie quería apagarlo. Me estaba quemando viva y nadie podía salvarme.
Apenas entendí lo que Zandhur pretendía decirme, pero más o menos me hacía una idea, todo mi mundo estaba derrumbándose y no existía manera alguna de sostenerlo.

Quizá por eso tuve aquel sueño.
En él, oscuridad total. Poco a poco, algunas formas se iban dibujando, como si fuera tinta sobre el pergamino.
Curvas, una casa, otra más, y otra. Un cielo oscuro.
El miedo y el silencio inundaba aquel lugar que conocía habitado.

Como si mi sola presencia fuera un reclamo, de cada casa surgieron figuras conocidas que me observaban. Todos y cada uno de ellos con semblantes diferentes. Incertidumbre, miedo, comprensión, duda, alivio... Hasta que los que no terminaban de comprender, entendieron. Y todo se transformó en terror.

Recuerdo que no era capaz de emitir sonido alguno. Solo sentía que poca ropa cubría mi cuerpo, y que algo sobre mi piel no dejaba de moverse quemándome. Quería esforzarme por evitar que ellos me vieran así, por hablar, pero no podía.

Y paulatinamente, ellos se difuminaron.

- Hasta siempre.- Pude decir al fin. Pero desconocía si ellos pudieron escucharme. Y la oscuridad volvió, no sé hasta cuando.

Solo sé que al despertar Zandhur desprendía humo, y hablaba con alguien. Y todo lo que sucedió luego alivió de forma fresca y agradable aquel quemazón que por poco acabó conmigo.

15 sept. 2017

Tregua y encuentro

Hacía tiempo que no vivía una noche tan breve. Todas las que sufro desde mi nuevo despertar son largas, pausadas, demasiado tranquilas. Se me escapan en el ir y venir de todos los que cruzan la calle para dejarse caer por el bar del que me he apropiado.

A veces incluso dicen que debería desaparecer por algunas horas, o días, porque podría dar mala imagen en el local. Creo que no les falta razón.

Estaba pensando en no desaparecer aquella noche cuando recibí la llamada. Parecía que por primera vez aquel acuerdo de paz, aquella tregua, empezaría a ser efectiva.

Estocolmo me parecía una ciudad horrible desde el momento en que llegué. Pero podía deberse a que estaba encerrado y limitado de la peor de las formas. Cualquier lugar me parecería horrible de haber viajado más. Mi alma, una vez tocó la carne, no está hecha para vivir sin un cuerpo mortal.

Una vez encontré lo que querían y lo pusieron a salvo, observé cómo se comportaban.

Todos habían cambiado mucho. La mujer que había sido fantasía en mis pensamientos más crueles y nombre que me robaba el sueño, ahora parecía débil, frágil y completamente desnuda sin los dos perros guardianes que había tenido como protectores. Incluso ellos parecían diferentes. Uno más asalvajado, como bestia que era; y otro más difuso, perdido en esa realidad.

Todo eso lo había destruido yo, con mis propias manos. Y un extraño placer volvió a sacudirme las entrañas. ¿Podría volver a hacerlo? Casi ha vuelto mi apetito.

24 ago. 2017

Después del asalto

La noche había sido fatídica a pesar de la mejora. Ya eran las 6 y Andreas ya llevaba una hora despierto. Había cambiado el sofá por un sillón junto a su cama, donde ella descansaba. Deliraba y hablaba en sueños, todavía agitada.

Creía haberle escuchado llamar a su hija, a Sonja, pero nada más. No había vivido el asalto, pero parecía llevarlo en el espíritu. Pasó más tiempo y Andreas creía poder dormir. Su mente casi había desconectado de la realidad, cuando sintió su tacto.

Abrió los ojos y encontró a Nicole sentada sobre la cama, incorporada por fin, y tocándole una mano. No pudo sonreír, solo acercarse a ella y tocarle la frente.

Nicole esperó paciente a su examen, contemplando la suave luz que empezaba a entrar por la ventana.

- Parece que estás mejor... - concluyó Andreas, más tranquilo. Ella asintió suavemente y se estiró hacia delante, en silencio.

- ¿Y Sonja? ¿Está bien?

- Está dormida... le dije que hoy podía faltar a clase.

Nicole frunció el ceño, extrañada. Miró al vacío y su mirada vagó hasta el calendario que tenía en su mesita de noche. Cuando descubrió el día, tuvo que tomarse unos segundos hasta ubicarse. Quizás para ella había pasado más tiempo del que había podido percibir.

Al final, regresó a su marido, con algo de duda en la mirada y también recuerdos.

- Le dije que cerrara la puerta... - susurró, cerrando los ojos después. De nuevo parecía cansada, gotada.

- ¿Cuando? - preguntó él, cogiendo su mano y acariciandola con tranquilidad.

- Antes de que vinieran. Le dije que cerrara la puerta. Vosotros estaríais bien. Pero la puerta...

Fue el turno de Andreas para fruncir el ceño y mirar a su mujer. No sabía si estaba fuera de contexto o si es que simplemente tenía demasiado sueño como para entender. Mientras, ella se había vuelto a tumbar para intentar descansar.

- Puede que no vuelvan... puede que estemos a salvo...

10 ago. 2017

Escapando de la bruma

Se abrieron las puertas, aumentando el caos de aquel huracán que había nacido en el sótano de aquella casa. Hubo gritos, tanto de aquellos que habían sido sorprendidos como de los que habían llegado para detenerles.

Estos últimos llegaron con armas, y al ver el portal se lanzaron con todo y contra todo con tal de detener a la última viajera. Nunca más escucharía las tres campanadas que marcaban el regreso a casa, y aquello no podía ser permitido.

Corrió la sangre de los esclavos con una violencia que hacía tiempo no era vista en aquella tierra imposible, y hasta el corazón del Dios, que todo lo observaba, tembló.

El portal se cerraba al instante que ella desaparecía, y en toda aquella agitación el círculo de la invocación había sido alterado. Era imposible seguirles. Así lo comunicó el soldado que informaba a la sacerdotisa, de la que se decía que había dejado de caminar entre los vivos.

Le escuchó con sorprendente tranquilidad, y aquel soldado podía decir que incluso sonreía. Podía estar satisfecha con todos aquellos a los que había apresado, y que serían castigados con vehemencia. Incluso cuando toda la información necesaria hubiera sido obtenida. Simplemente para asegurarse de que no olvidaran la lección.

Pero parecía otra cosa. Un conocimiento que el guardia no poseía y que prefería dejar de ese modo. Aún así, rompió su deseo, y habló.

- Sabré dónde encontrarles, no hay nada que temer. Hay un mensaje que debe ser escuchado. - decía, y comenzó a inclinarse hacia él, desde ese asiento que ocupaba, hasta quedar demasiado cerca del rostro del guardia. - Se avecina la guerra, una vez más.

21 jul. 2017

No creía que podríamos volver a casa después de lo vivido. Habíamos estado nada menos que en el refugio de los que habían creado este mundo, y que creía que lo habían abandonado a su suerte.

El sofá se ha quedado algo incómodo después de tantas vueltas, y lo que creo que necesito es aire fresco. Aire de esa noche que es más peligrosa que nunca porque, ¿quién lo diría?, el mundo se acaba.

No se trata de ideologías ya, hace tiempo que quedaron atrás. Se ha convertido en una cuestión de supervivencia y es momento de apostar por el bando más apto para ganar. Porque si se acerca el Armagedón o como quiera que lo llamen... ¿habrá un mundo en el que podamos habitar, donde encontrar un lugar para nosotros?

6 jul. 2017

Después de la pérdida

Había pasado como una semana desde que sus vidas se rompieran. Ya la habían despedido de forma individual, entre ellos y también junto al mundo, al menos desde ese minúsculo rincón de Estocolmo. Sin embargo, la pérdida todavía les hacía sentir vacíos.

Con esa sensación que a veces les robaba el aliento, o a veces no les dejaba pensar, habían conseguido hablar una vez más y volver a verse. Alguno había dicho de hacer algo así como una visita mensual, en la que poder concentrarse y aunque sea intentara hablar.

No todos habían demostrado el mismo entusiasmo ante esa idea, pero ahí estaban.

Falk había aparecido después de permanecer escondido unos cuantos días, para evitar nuevos incidentes. Cuando Andrea llegó, este se apartó ligeramente, mirando hacia otra parte. Daniel había sido el primero en llegar, perdido desde entonces con el paso del tiempo. Greguer fue el último en llegar, con gesto cansado y evidente cansancio.

— Buenas noches. — saludó con gesto, grave, pidiendo una bebida con un gesto de mano. — ¿Qué tal estáis?

Daniel, que pareció emerger de sus pensamientos, se encogió de hombros mientras le miraba y soltó una especie de respuesta.

— Sí... bien, creo... algo así. — concluyó, con un hilo de voz. Andrea acercó la mano a su espalda y la acarició con tranquilidad.

— Sobrevivimos. — se atrevió ella a completar, haciendo un amago de sonrisa.

— Eso es bueno. — respondió Greguer, y en ese momento un camarero le sirvió la bebida habitual con destreza, dejándoles solos una vez más. — ¿Y tú, Falk? ¿Cómo te han ido estos días?

— Mal. Y sigo preguntándome qué coño hacemos aquí, salvo perder el tiempo.

Todo el ambiente se enturbió. Podía haber declinado la invitación, pero parecía disfrutar de estar ahí y enrarecer el momento, mostrándose siempre igual de destruido. Y, por supuesto, dispuesto a destruir a los demás.

— Nuestras vidas siguen... y no tenemos por qué desaparecer entre nosotros. — aportó Greguer, intentando sonar conciliador, y no dejarse llevar por esa ira que su actitud le provocaba desde que ella no estaba. — Podemos sacar algo bueno de todo esto: esto que está pasando.

Falk ya estaba poniendo los ojos en blanco, pero esa conclusión terminó por hacerle estallar.

— No. No. Ya basta. — se puso en pie, casi tumbando la silla sobre la que había estado sentado. — Esto es una gilipollez. No hay nada bueno de todo esto. Solo podemos seguir respirando. Daniel es listo y ya ha empezado a volver la cabeza. Pero no voy a colaborar con esto ni a dejarme llevar por jodidas fantasías. — dijo señalando a Andrea, que habría empalidecido de poder, pero sí tensó su expresión. —A la mierda.

Y salió del bar, dejando atrás las ruinas de lo que fue su vida.