10 ago. 2017

Escapando de la bruma

Se abrieron las puertas, aumentando el caos de aquel huracán que había nacido en el sótano de aquella casa. Hubo gritos, tanto de aquellos que habían sido sorprendidos como de los que habían llegado para detenerles.

Estos últimos llegaron con armas, y al ver el portal se lanzaron con todo y contra todo con tal de detener a la última viajera. Nunca más escucharía las tres campanadas que marcaban el regreso a casa, y aquello no podía ser permitido.

Corrió la sangre de los esclavos con una violencia que hacía tiempo no era vista en aquella tierra imposible, y hasta el corazón del Dios, que todo lo observaba, tembló.

El portal se cerraba al instante que ella desaparecía, y en toda aquella agitación el círculo de la invocación había sido alterado. Era imposible seguirles. Así lo comunicó el soldado que informaba a la sacerdotisa, de la que se decía que había dejado de caminar entre los vivos.

Le escuchó con sorprendente tranquilidad, y aquel soldado podía decir que incluso sonreía. Podía estar satisfecha con todos aquellos a los que había apresado, y que serían castigados con vehemencia. Incluso cuando toda la información necesaria hubiera sido obtenida. Simplemente para asegurarse de que no olvidaran la lección.

Pero parecía otra cosa. Un conocimiento que el guardia no poseía y que prefería dejar de ese modo. Aún así, rompió su deseo, y habló.

- Sabré dónde encontrarles, no hay nada que temer. Hay un mensaje que debe ser escuchado. - decía, y comenzó a inclinarse hacia él, desde ese asiento que ocupaba, hasta quedar demasiado cerca del rostro del guardia. - Se avecina la guerra, una vez más.

21 jul. 2017

No creía que podríamos volver a casa después de lo vivido. Habíamos estado nada menos que en el refugio de los que habían creado este mundo, y que creía que lo habían abandonado a su suerte.

El sofá se ha quedado algo incómodo después de tantas vueltas, y lo que creo que necesito es aire fresco. Aire de esa noche que es más peligrosa que nunca porque, ¿quién lo diría?, el mundo se acaba.

No se trata de ideologías ya, hace tiempo que quedaron atrás. Se ha convertido en una cuestión de supervivencia y es momento de apostar por el bando más apto para ganar. Porque si se acerca el Armagedón o como quiera que lo llamen... ¿habrá un mundo en el que podamos habitar, donde encontrar un lugar para nosotros?

6 jul. 2017

Después de la pérdida

Había pasado como una semana desde que sus vidas se rompieran. Ya la habían despedido de forma individual, entre ellos y también junto al mundo, al menos desde ese minúsculo rincón de Estocolmo. Sin embargo, la pérdida todavía les hacía sentir vacíos.

Con esa sensación que a veces les robaba el aliento, o a veces no les dejaba pensar, habían conseguido hablar una vez más y volver a verse. Alguno había dicho de hacer algo así como una visita mensual, en la que poder concentrarse y aunque sea intentara hablar.

No todos habían demostrado el mismo entusiasmo ante esa idea, pero ahí estaban.

Falk había aparecido después de permanecer escondido unos cuantos días, para evitar nuevos incidentes. Cuando Andrea llegó, este se apartó ligeramente, mirando hacia otra parte. Daniel había sido el primero en llegar, perdido desde entonces con el paso del tiempo. Greguer fue el último en llegar, con gesto cansado y evidente cansancio.

— Buenas noches. — saludó con gesto, grave, pidiendo una bebida con un gesto de mano. — ¿Qué tal estáis?

Daniel, que pareció emerger de sus pensamientos, se encogió de hombros mientras le miraba y soltó una especie de respuesta.

— Sí... bien, creo... algo así. — concluyó, con un hilo de voz. Andrea acercó la mano a su espalda y la acarició con tranquilidad.

— Sobrevivimos. — se atrevió ella a completar, haciendo un amago de sonrisa.

— Eso es bueno. — respondió Greguer, y en ese momento un camarero le sirvió la bebida habitual con destreza, dejándoles solos una vez más. — ¿Y tú, Falk? ¿Cómo te han ido estos días?

— Mal. Y sigo preguntándome qué coño hacemos aquí, salvo perder el tiempo.

Todo el ambiente se enturbió. Podía haber declinado la invitación, pero parecía disfrutar de estar ahí y enrarecer el momento, mostrándose siempre igual de destruido. Y, por supuesto, dispuesto a destruir a los demás.

— Nuestras vidas siguen... y no tenemos por qué desaparecer entre nosotros. — aportó Greguer, intentando sonar conciliador, y no dejarse llevar por esa ira que su actitud le provocaba desde que ella no estaba. — Podemos sacar algo bueno de todo esto: esto que está pasando.

Falk ya estaba poniendo los ojos en blanco, pero esa conclusión terminó por hacerle estallar.

— No. No. Ya basta. — se puso en pie, casi tumbando la silla sobre la que había estado sentado. — Esto es una gilipollez. No hay nada bueno de todo esto. Solo podemos seguir respirando. Daniel es listo y ya ha empezado a volver la cabeza. Pero no voy a colaborar con esto ni a dejarme llevar por jodidas fantasías. — dijo señalando a Andrea, que habría empalidecido de poder, pero sí tensó su expresión. —A la mierda.

Y salió del bar, dejando atrás las ruinas de lo que fue su vida.

30 jun. 2017

Andrea + Sonjaine

Cuando miro al cielo, ya sea en el núcleo de Estocolmo o en un claro en los bosques colindantes, me siento pequeña, insignificante. Suelo huir de esa sensación, me incomoda y me hace pensar en el final inevitable.

Pero hoy, esta noche, la he buscado, la he necesitado.

Mientras sentía que me ahogaba en el dolor y en su ausencia, necesitaba sentirme insignificante para el resto del mundo, prescindible incluso para mí. Si me centraba en esas sensaciones, dejaría de doler, de sangrar.

No funcionaba, y casi me aferraba a cualquier cosa que me pudiera alejar de toda aquella despedida. Sentía que era un error, estando rodeada de toda esa gente que la extrañaría pero que nunca sabría como era realmente. Con todo era allí donde debía estar. Por Lena, por Sonja, por Falk. Por Dasha, después de todo.

Por eso no esperaba encontrarla a ella.

Fue como un bálsamo, frío para este fuego que debería consumirme pero no me hace morir. Fue extraño, pero la situación lo hizo posible. No quería dejarla escapar. Ahora que marchamos para dejar a Lena en algún seguro hasta que se recupere, pienso si debería haberla presentado a los demás, para comprobar si surtiría un efecto parecido.

Quizás podríamos sanar junto a ella, mientras descubrimos qué es lo que la hace tan posible.

Mientras pasan las horas, descubro que mi miedo por no entender qué me estaba haciendo ha cambiado para ser el miedo a no volverla a ver.

26 jun. 2017

El bosque estaba en silencio, tan denso que alteró el sueño de Erinn, que por una noche había intentado dormir. Al menos eso creía cuando despertó, sin recordar que sus recuerdos se habían alterado.

Lentamente se incorporó, y encontró la mirada de Nemus cargada de miedo. Él también había notado algo. Se levantó y se giró, mirando hacia el bosque. En algún punto en su interior parecía estar el núcleo de lo que podía ser un tornado.

Caminó en solitario hacia el lugar, de donde surgía aquella luz que no pertenecía a ese mundo. Vio como aquella mano surgía de ese círculo, la alzaba y la llevaba a ese mundo del que tanto quería huir... y que por una razón que no terminaba de entender, no dejaba de buscar.

Aquella invasión a Argonath lo había paralizado, y apenas tuvo tiempo a reaccionar. Salió corriendo para intentar retenerla, pero ya había desaparecido. Desde el suelo, donde había caído sin conseguir atraparla, pudo ver como la luz se intensificaba por momentos... hasta desaparecer en un golpe de fuerza que lo empujó hacia atrás.

Atravesó el aire hasta chocar contra un árbol, y de fondo solo se escuchaba la naturaleza que por fin se manifestaba ante aquello que estaba ocurriendo.
Preso del dolor por el impacto, tardó unos largos segundos en incorporarse. Solo podía pensar en volver a la zona y encontrar a Catherin, quizás inconsciente, ya arrepentida por haber jugado con esas fuerzas superiores.

Pero solo encontró los restos de aquel acto impío, y sintió que la esperanza se le escapaba. Las lágrimas, contenidas en tantas ocasiones ante tantos eventos que casi lo habían destruido, brotaron por fin. Se inclinó hacia delante, cubriéndose el rostro, y buscó algo a lo que aferrarse en su corazón.

No lo encontró, y comenzó a hundirse en la desesperación. La idea de que hubiera sido atrapada, quizás para no volver, provocó un grito imposible de contener.
El bosque volvió a sacudirse, lamentando quizás haber perdido a alguien que buscaba la esperanza para ese mundo.

1 jun. 2017

Los muros seguían siendo elevados sobre la tierra de Dalanvor, destruyendo mientras eran construidos la promesa de unión entre naciones y todas las criaturas vivas que allí habitaban. Si los Dioses les habían abandonado, estaba claro que también estaban rompiendo esas enseñanzas.

Esos eran los pensamientos de Morrow mientras observaba cómo se afanaban sus obreros, a toda prisa y en ocasiones con accidentes. En el horizonte, siendo atraídas por nubes cargadas de agua y también de malas noticias, llegaban unas espesas nubes.

- Así tardarán más en volver.,, - susurró, pensando en los Dioses.

Una doncella, detrás de ella, interrumpió la recogida del que había sido el almuerzo y alzó la cabeza.

- ¿Decís, milady?

Morrow fue interrumpida, y con casi la misma velocidad descartó el hecho de llamar su atención. La doncella comprendió que no eran palabras dirigidas a ella y siguió con su tarea, hasta poder terminarla y retirarse.

No eran las únicas presentes en la sala.

Sentado en uno de los sillones que habitaban allí, el que era por ahora y a saber por cuanto tiempo encargado de la seguridad de la ciudad y protector de los llamados Muros de Esperanza leía. Leía cuanta palabra tuviera por delante.

La emperatriz le entregaba de tanto en tanto algunos de los informes que le llegaban directamente a sus aposentos, de fuentes no conocidas por el resto pero de confianza. No podía permitir que pasaran por otras manos, para el cambio o la omisión de información. Y aquel hombre necesitaba conocer lo que sucedía para poder actuar en consecuencia.

La confianza en aquellos momentos era un bien preciado y difícil de encontrar, o más bien regalar.

Eran varios pergaminos, que pasaba de mano a mano, contrastando información. Algunas piezas no encajaban, o había más información en algunos escritos que en otros cuando se trataba un mismo tema. Era frustrante. Nunca sabías cuando tenías todas las herramientas a tu alcance.

Por fin, el protector de los Muros terminó de leer. Se cubrió los ojos mientras duraba un largo suspiro, quizás cansado de tan agotadora lectura. Después, miró a su emperatriz, que esperaba algún tipo de reacción con gesto aburrido.

- Las noticias que llegan a vuestras manos son cada vez más inverosímiles.
- Lo sé. - se limitó a responder ella.
- Ciudades prisión, cada vez más seguidores de la reanimación, cuyos maestros cobran cada vez más influencia... esa bestia marina que devora navíos... ¡es imposible!

Eso último fue un gesto exasperado, no sabía hasta qué punto le había afectado esa pasividad de Morrow. Ya había leído esa información, sí, pero reaccionaba como si hubiera leído pura ficción.

- Algunas de mis adivinas ya me habían informado de algunos de estos eventos...
- Sabéis que esas artes están prohibidas y condenadas...
- Claro, pero nadie debería darse por enterado.
- Yo mismo debería informar.

La mujer se giró, para observarle, como midiendo esas palabras. ¿Eran reales? ¿Lo haría? ¿Aumentaría la ya pesada carga que llevaba consigo? Ante esa mirada, el protector se rindió y dejó paso a la curiosidad.

- ¿Y bien? Contadme la más escalofriante de esas profecías. Porque dudo que vieran algo bueno en todo esto.

Ella hizo memoria, buscando en sus recuerdos... y no tuvo que esperar demasiado. Había escondido aquella sensación, ese escalofrío que volvía a sacudirla, lo más profundo posible... que por desgracia no era demasiado.

- Me hablaron sobre muertos que caminaban. Caminarían hacia mi hogar. - susurró.

El protector, que se había acercado a ella mientras recordaba, pudo escuchar esa confesión. Ambos miraban ahora por la ventana, hacia el horizonte, hacia el este. ¿Estarían en camino esos muertos? ¿Atravesarían los Muros de la Esperanza? ¿La buscarían a ella?

20 may. 2017

Llegaba el momento de volver a zarpar. Sobre el mar. Y también recuerdos antiguos, muy antiguos.

Quién sabe si mi vieja embarcación es ya una tumba o una ruta para los peces en las profundidades. Ahora dirijo un nuevo barco hacia nuevos destinos, deseando en cierto modo no tener que hacerlo nunca más. He viajado tantas veces buscando algún rastro, esa mirada sobre la mía, que abandonar mi último asentamiento tiene la sensación del fracaso.

Ahora que lo sé, no puedo creer que haya muerto.

Lo contemplé como una posibilidad tan lejana, tan remota... que no caben en mí todas las emociones que me produce saberlo.

Tengo ahora sus ojos, que me miran con intriga desde la cubierta, mientras pongo rumbo a Dalanvor. Sin embargo, inspiran cosas tan diferentes.

Veo dolor, veo desesperación. También dudas. Y una esperanza que lucha por mantenerse con vida a pesar de todo lo que estará ocurriendo en su vida. Nunca lo sabré pues nunca formaré parte de sus caminos, solo alguien de paso, como este viaje.

Y con todo, no sé cómo reaccionará, cómo sobrevivirá a lo que está sucediendo, gestándose por así decirlo, en el lugar hacia el que va.

Los Dioses, o eso decían, nos habían abandonado otras veces. A veces se duermen, o bien se aburren de nosotros, y el mundo sufre la sombra que produce su ausencia. Sin embargo, esto parece diferente. Es como una plaga, una podredumbre que llega desde el interior. Desde las profundidades de la tierra de Argonath, y se extiende sin que nada pueda pararlo.

No sé su destino final... pero espero que sobreviva para contarlo, para ver a sus seres queridos antes de que nos sumamos en esta oscuridad que se extiende.

19 may. 2017

Dejarse caer a una oscuridad cada vez más intensa. Así debe sentirse el ahorcado, el que está a punto de llegar al suelo tras una larga caída, el que se envenena, el que se abre surcos en la piel o el que se apuñala directamente en el vientre durante sus últimos momentos antes de que la muerte bese sus labios y le invite a bailar eternamente a su lado.

El arrepentimiento llega siempre que es demasiado tarde, pero en este caso pude permitirmelo sin que la arena del reloj dejase caer su último grano en el fondo. Nunca un abrazo había sido tanto el sinónimo de vida cuando él decidió interrumpir aquel acto que acabaría conmigo. Y bendita interrupción.

Pensé en decirle "lo hago por ti, para que recuperes al amor de tu vida", aunque también lo hacía por mí, por volver a verle con esos aires de grandeza o tomando una o dos botellas de vino posiblemente robado. Pero no quería hacerlo. No cuando comprendí lo que todo ello suponía.

Deseo vivir, maldita sea. Necesitaba que los Dioses apretaran menos porque en ese punto en el que me encontraba no había otro camino más que ese. Y parece que escucharon mis súplicas. Ahora incluso me atrevo a respirar de alivio. A ver el final de este viaje, regresando a casa portando buenas noticias o al menos, con ausencia de malas noticias.

Quizá sea cierto, que como el suicida ansía otra oportunidad, cometí el error de ser descubierta. Solo espero que él no me odie y comprenda que en ocasiones la locura me vence.

Ya falta menos, los lazos entre todos nosotros se hacen más fuertes, y puede que incluso se nos una un nuevo compañero de viaje. Habría que hacerle consciente del riesgo que supone antes de que se atreva a decir que sí. Con o sin él, lo lograremos.

¡Hacía tanto tiempo que no me atrevía a reír de júbilo!
Y me muero de ganas, sí... Me muero de ganas de volver a casa, con Sol y decir a todo el mundo: ¡Maldita sea! ¡Os lo dije!

10 may. 2017

Tirsa:

Estar en el camino es algo que ayuda a dejar de pensar. Quedarme quieta, en la aldea que había considerado mi hogar, había dejado de ser una buena opción desde hacía un tiempo.

Sabían que me encontraría, se lo dije a todo aquel que quiso escucharme. Al final, como siempre había sucedido en nuestra historia, acabaría encontrandome. Y si viajando podía hacerme menos localizable para él, para sus artimañas y su manipulación de la realidad... tenía que intentarlo.

El viaje al menos, como constato mientras bromean y cantan en los momentos de cena y otras reuniones... me hacen sonreír y pensar menos en el terrible sino que me espera.

Erinn:

Viajar no es lo mío. Me dediqué en cuerpo y alma al Archivo, al estudio y a la investigación precisamente para evitar estas incomodidades. Tengo que evitar chasquear la lengua de pura incomodidad a cada traba del camino, y son muchas en número, demasiadas quizás.

La compañía al menos ameniza. Y siento que con Catherin las asperezas que hemos desarrollado podrían desaparecer. El roce hace el cariño, ¿no era cierto? Quizás podría eliminar esas resistencias, derribar esos muros que ha erigido no hacia mí, si no alrededor de mi persona y todo lo que tenga que ver con ella.

Sueño con el día en que no sea una presencia incómoda.

Iefel:

Su recuerdo me sigue como mi propia sombra. Allá donde vamos, objetivo que perseguimos... tiene asociado un recuerdo para él. Incluso hay veces, que en las situaciones más cotidianas, en las que casi alzo la voz para llamarle y pedirle algo.

Por suerte creo que nadie me ha escuchado. No podría soportar la pena y la lástima en los ojos de Catherin.

Creía que este viaje haría algún bien a mis tribulaciones, que son grandes. Pero solo estoy encontrando recuerdos que había apartado, pues se habían quedado en los caminos. Quizás por eso cante, para no pensar. Al menos, tengo una compañera que me sigue con el mismo entusiasmo.

Nemus:

¡Oh! Que bonita ciudad. ¡Oh! Que bonita flor... ¡Oh, que bonito pájaro! ¡Oh! Que bonita roca...
Hacía mucho tiempo que no dejaba la seguridad del hogar. Es irónico porque desde que llegué nunca he tenido eso. No deseaba este viaje bajo ningún concepto. Estaba aterrada, y de hecho lo sigo estando. Sin embargo sentir de nuevo la emoción del camino, contemplar otros paisajes, el peso de las provisiones a mi espalda, las noches sobre el duro suelo y la sensación de comodidad al llegar a la cama de una posada y pensar: "¡Oh Dioses! ¡Es la mejor cama en la que he dormido jamás!" Y siempre es mentira, pero realmente se siente así. Degustar alimentos de otros lugares, beber hasta sentir que el suelo tiembla bajo los pies, cantar todos juntos durante el camino, callar cuando se prevé una posible amenaza, reír de alivio al descubrir que no era tal cosa o defendernos si lo fuera... Y por supuesto, la compañía.

No mentí al decir que cada uno de ellos era la mejor compañía, siempre lo han sido. Cada uno a su manera hace los viajes diferentes y únicos. Mi padre, por ejemplo, solía hacerlos de forma muy enérgica, no te daba la oportunidad de cansarte o rendirte. Mi hermano era el punto medio, siempre razonando qué hacer en casa circunstancia. Noruber con su habitual calma y esa capacidad de tranquilizar a todos. O Sol... haciendo de cada viaje una nueva aventura difícil de olvidar.

Ahora viajo con él, aunque nadie lo sepa. Iefel también viene con nosotros aportando sus experiencias en los viajes. El resto, tres personas nuevas. No en mi vida, sí en caminos. Tirsa y su fuerza, temperamento e impulsividad. Erin con sus misterios y todo su conocimiento. Y Nemus, calmado pero presente en todo momento. Es como si, a pesar de todo el tiempo que ha transcurrido desde que nos conocemos, no hubiéramos tenido que compartir pasos hasta este momento, por alguna razón. Los cuatro son muy buena compañía, y ojalá siga siendo así.

Deseo estar equivocada y que esos dos individuos no estén siguiéndonos. Pero si no son ellos, o al menos uno de los dos, ¿quién si no iba a gastarme una broma de tan mal gusto? ¿Quién querría impedir que llegásemos a nuestro destino? Solo ellos. Lord Ventar y Melisssndre. Las dos personas que más odio. Quizá es por eso. Ellos lo saben. Saben que estoy a un paso de condenar mi alma eternamente. Saben que ya no soy tan inocente. Que soy irascible y protegeré a quién sea cómo sea. Es eso, no solo quieren impedir que lleguemos. Si los Dioses me condenan, tal vez será demasiado tarde. Y dudo ser capaz de impedirlo por mucho más tiempo.