29 oct. 2015

La carrera a través de la maleza y todo el entorno natural que ya había dejado atrás, mostraba las secuelas de lo precipitado de su curso. Pasos cada vez más inestables marcaban su camino, así como un destino que no parecía claro. Su tambaleo hacia que variase, hacia que cambiase de dirección casi cada vez.

Las criaturas vivas a su alrededor eran capaces de ignorar su presencia. Si no fuera por los ruidos que emitía al correr, apenas existiría en el bosque. A veces se hacía tan traslúcida que ni siquiera era capaz de alterar el entorno para el animal que la contemplase. Ese cuerpo todavía no estaba acostumbrado a verse afectado por las necesidades de recuperar el aliento y descansar. La fuerza con la que se había alimentado, la fe que le había inspirado la vida, se diluía con el tiempo. Con una velocidad sorprendente, todo su poderío comenzaba a desaparecer.

No podía lamentarse de haber fallado, solo sentía la urgencia de sobrevivir. Y si seguía con vida, necesitaba mantenerse como lo que había construido. Si estaba allí, es que había quien mantenía la esperanza por encontrarse con el ser perdido.

Aunque fuera alejándoles de todo lo que tenían... mantendrían su esperanza. Un largo camino les esperaba, juntos, en extraña familia por pocos que fueran.

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