1 oct. 2015

El aroma de mis sábanas, el calor de mis mantas... Es curioso. Hace apenas unos días mi última cama fue muy diferente a la de ahora. Con esa suavidad, ese aire exótico que podía encontrar en cualquier lugar.
Pensé que sería una noche que haría cambiar todo cuanto soy. Permitir que un hombre acariciara mi piel del mismo modo que la persona que amo. Por un bien mayor. Estoy segura de que tras aquello, no habría vuelto a ser yo.

Estuve temblando durante horas. Desde el momento en que supe lo que ese hombre quería hasta que me vi en un falso refugio de seda y terciopelo.
Aquella velada fue incluso agradable, quitando algunas caricias no deseadas. Sin embargo, hubo un momento en que sí deseé. ¿Fue acaso por sus palabras? Ahora lo pienso y... siento escalofríos. Miedo por la casi certeza de que si él lo hubiera deseado podría haberme tomado. Quizá incluso con mi consentimiento, sabiendo el control que puede ejercer sobre los mortales.

Pero no lo hizo, cumplió su palabra en todos los aspectos. Puede que no sea tan terrible, que sea cierto que quiere que el mundo evolucione. Quiero creer que existen buenas intenciones, que no todas las personas a las que me enfrento de este modo no son obstinadas en el error.
Hemos evitado la guerra, la sangre, la muerte. Solo por una noche de agradables conversaciones. Solo por... ¿mi sangre?

Es extraño, aún me siento inquieta ya en mi hogar. Es como una sensación que no quiere marcharse pero que procuro dejar aparte.

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