22 oct. 2015

Volver a casa ha sido un mal trago que había que atravesar. Si estaban en juego las vidas de esos niños... supongo que ha merecido la pena de los sacrificios que se han producido. El reconocimiento de mis iguales realmente... no es para tanto.

¿Algo que recordar? ¡Planear antes de hacer viajes! Las burlas llegarán, pero quizás pasen meses hasta que vuelva y para entonces hasta puede que me olviden. O quizás no. Gracias a alguien que se hace llamar nuestro maestro. Su presencia y el temor que inspira se han hecho algo molesto, un recuerdo que pierde fuerza a medida que pasan mis días.

Aprendo y enseño, he conocido un modo de vida tranquilo en el que se busca la eficiencia... en un ámbito amable. No sólo importan los resultados. Importan las personas. Y mientras porto conmigo el conocimiento obtenido en nuestro breve viaje, pienso en esa persona que me instó a viajar. Se ha llevado mis secretos y mi confianza. Su dedicación a pesar de la torpeza es entrañable, pero sólo con lo que intenta asimilar en conocimientos. Esa dedicación que se transforma en pasión hacia sus seres amados, aquellos con los que comparte el día a día. Esa llama que es su vivacidad, como un luminoso candil que aparece en la travesía dentro de un bosque oscuro.

Es esa persona que empieza a importarme más que el resto.

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