16 oct. 2015

Falsa mirada violeta

Escuché los golpes en la puerta y ya sabía quién era la persona que había tras ella. Por eso no me sorprendió encontrármela de frente, con esos ojos violetas que heredé de ella, mirándome de forma vacía. A veces siento que no pueden mirar más allá que de sí misma, por todo lo que sé de ella, por todo lo que estoy viendo ahora.

La agarré del brazo, pensé: "esta vez no te escapas de mí". Y ella tan solo preguntaba por la única persona que le interesaba ahora. Justo en este momento, es como si quisiera impedir que algo pase, aunque no sé exactamente qué ni cómo.
Pero desde luego no la iba a soltar.

De pronto, alzo su mano, y lo que pensé que en un principio sería un gesto hostil se convirtió en una caricia en mi rostro. No duró mucho, no se lo permití. No quería que alguien como ella me tocara, que una falsa caricia me hiciera creer que realmente todo lo que sé es mentira o ha cambiado. Ni hablar, no la creeré.

Y por ello, una sensación de rabia me invadió por completo. Le golpeé el rostro con la poca fuerza que mi cuerpo puede ofrecer. Sin embargo, lo hice para evitar otros deseos. Quería colocar mi mano sobre su faz para que las llamas desvelasen aquella mentira. No quiero creer que de verdad esa mujer es mi madre, me aferro a las hipótesis con las que Xanos me dejó reflexionando.
Pero me contuve a golpearle, y sobre todo a gritarle. Tenía muchas ganas de echarle en cara todo lo que hizo y estaba haciendo ahora. Sin embargo, no podía olvidar la fragilidad del testigo que se hallaba en nuestra misma habitación.

Tuve que dejarla ir, pero no permitiría que nadie la descubriese. Nadie debe saber de ella, sea real o no.
Bastante hemos sufrido ya por su culpa.

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