4 jul. 2015

Todo parecía irreal. No hacía tanto tiempo desde que no frecuentaba semejantes lugares. Lo atribuía al miedo contagiado en la prisión, no había logrado sacudírmelo todavía. Junto con el idilio vivido en las tierras de Thross... una extraña combinación.

Pero era diferente. Casi sentía que todo pasaba anormalmente lento. Podía observar el mundo en detalle sin que apenas nada se me escapase. Y lo que estaba descubriendo me hacía temer. Sonrisas cómplices que intentaban ser escondidas a mi llegada. Miradas significativas que daban un aviso entre todos los presentes. Toda la sala en su amplitud cambió, como si las velas que iluminaban perdiesen parte de su fuerza a la vez.

Mis manos cruzadas, maneras impecables, un gran valor para la información que llevaba conmigo, y las obvias intenciones de buscar más. Nadie hablaba conmigo, hacerlo significaba estar buscando algo que nadie reconocía obtener. Por eso me ignoraban. Pero en aquel momento, mi presencia era diferente, casi esperada.

No pude contener un cierto temor mientras llevaba la copa tan ansiada a mis labios. Mis actos eran espontáneos, tenían que haber envenenado cada bebida de la sala. Era una sensación habitual en mí, pero más que nunca extrañaba la voz de Catherin. Como si fuera un escudo con el que al menos podía protegerme de esos lobos.

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