19 jul. 2015

La investigación

De vuelta a la soledad, no puedo evitar pensar en lo que me ha dicho. Muchas cosas han cambiado desde que he vuelto a ser... yo mismo, creo. Y se ha vuelto oscuro como nunca antes, sin haber podido evitar que almas como las de mi hija pierdan su inocencia y tengan terribles deseos.

La mujer a la que odiaba ahora tiene sus buenos deseos. No muchas cosas han ido demasiado bien, por lo que me cuesta creer que la haya perdonado. ¿Es acaso que desea terminar lo que empezó? ¿Que se arrepiente de haberla dejado con vida? Temores que me hacen estremecer...

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Dos figuras que entraban en el dormitorio que permanecía vacío, y que en cualquier momento podía ser invadido.

- ¿Estás seguro de esto? - preguntaba Iefel como si fuera un niño asustado que desobedecía a fuerzas mayores.
- No... no recuerdo dónde estaba, pero es posible que lo encontremos aquí.
- ¿Cómo se os ocurre? ¿Cuándo pensábais compartirlo?
- Sabes que no es algo para ir comentando de cualquier manera, ¿verdad? - respondió Zekkyou con molestia mientras se apostaba sobre la cama. - Ayúdame a moverla, vamos.

Movieron la cama con la mayor presteza posible y alzaron la pesada losa que ocultó en otro tiempo el tesoro de una criatura durmiente esperando a encontrar al alma con el que compartiría su camino. Pero no estaba allí. Solo encontrarían lo que serían acertijos que quebrarían la realidad y que les ayudaría a entender la amenaza que se cernía sobre ellos.

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3 Noruber explica lo que sabe sobre Lisan
Sentados todos juntos, dejaban que las antes calientes bebidas se enfriasen poco a poco. La mesa, iluminada con la luz de las velas, ofrecía tantos misterios que ni siquiera esa luz era capaz de despejar. Los tres presentes sentían como no se auguraba nada bueno.

- Parece... es decir, coincide con algo que le dije a Therin una vez. Sobre Lisan.
- ¿Sobre Lisan?
- Sí... ella siempre ha sospechado, y me encargó averiguar todo lo que pude. Sobre su pasado en el que había hecho que muchos la odiasen, su huida hacia los bosques, su carisma propio de una hechicera. - explicaba a medida que iba señalando los diversos motivos sobre el papiro. - Nunca ha dejado de pensar en eso, supongo.

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4 Zekk e Iefel intentan averiguar qué ha cambiado para que haya dejado de maldecir al Dios de la Luz
Caminando de nuevo hacia el castillo, agotados por tanta información que a veces incluso resultaba redundante, sentían el pesar en sus corazones. Si se repetía tanto era porque quizás realmente estaba desesperada por encontrar ayuda. Pero con tanto secretismo era difícil hacer algo.

Zekkyou, más calmado que su compañero, rompió el silencio.

- Pudo tener una revelación... y arrepentirse de ello.
- Es una deidad oscura, ¿acaso te parece extraño? -
- ¿Pero entonces... sigue sirviendo a pesar de haber perdido la fe, la confianza?
- ¿Cómo va a dejar de tener fe en algo que la amenaza, que teme? A veces no es solo la fe, si no también el miedo. - concluyó, enrareciendo ya el cansado ambiente que existía entre los dos.

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Habían marchado de esa extraña casa dejando a su único habitante con grandes inquietudes y temores. Palabras y versos que confirmaban temores que tomarían formas únicas en las mentes de los que estaban interesados en descubrir la verdad.

¿Su temor?

No era tanto lo que podía pasar, si no por lo que ella estaba pasando en esos momentos. Sola, buscando ayuda, quebrando su mente para buscar y pedir ayuda. ¿Cómo sería aquel infierno? No podía abandonarla, se había hecho la promesa de amarla en cualquier circunstancia, en ser su apoyo... y el camino parecía claro. Con temblores, dejó caer las manos de reposarlas sobre su cabeza y comenzó a prepararse. Había mucho que buscar, una mentalidad que cambiar y dejarse arrastrar por lo que ella ahora practicaba.

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La biblioteca estaba solo iluminada esa noche por el candelabro yacía sobre el escritorio donde el guardián descansaba y vigilaba. Solo que el guardián ya no era necesario, y era una figura que reflexionaba y dejaba perder su mirada en las tinieblas entre libros. Solo el silencio fue roto por la presencia de Zekkyou, que tardó en hacerse advertir ante el presente.

Cuando por fin despertó de sus ensoñaciones, se miraron con gesto grave y contagiándose una cierta tensión:

- ¿Qué pasa?
- Necesito decirte algo, y que abandones tu escudo de fe inquebrantable en una persona. - dijo el interpelado, apoyándose sobre la mes apara acercarse a Iefel.
- Habla entonces... - respondió rehuyendo la mirada y comenzando a sentirse incómodo, sabiendo que no sería fácil eso que le pedía.

Zekkyou tomó una silla y se sentó frente a él, dejando esa mesa entre ellos como zona segura entre los dos.

- Es sobre Ethan... estuvo influido, y me dijiste que el miedo, la fe o lo que sea es difícil de arrancar. Podría tener esos sentimientos todavía, influenciando a tu sobrina... Sabes la posición de poder que tiene sobre ella, ¡sería tan fácil!

El silencio inundó la sala, incómodo, como si fuera a quebrarse en una explosión.

- ¿Acaso crees... que no he pensado en ello alguna vez? - preguntó Iefel, volviendo a mirarle durante unos segundos, arrepintiendose de haber hablado aunque fuera con un hilo de voz. Solo por la pasión que vio en sus ojos, como una llama al saberse en lo cierto.
- Entonces... podrían ser otras muchas cosas. Que fingiera no recordar... ha manipulado antes, ¿por qué habría parado?

Iefel se levantó para tomar distancias con el problema y frenarle si es que era posible.

- No lo sabemos y haremos mal en presuponerlo. Partiremos y buscaremos ayuda, igual que en el pasado. Hobsyllwin sabrá qué hacer.

En su asiento, Zekkyou se dejó reposar en el respaldo, mientras seguía sus pasos con la mirada.

- ¿No será demasiado tarde? - preguntó con voz suave.
- ¿Tarde? ¿No te parece demasiado tarde que ella sirva a ese dios? Se ha convertido en su enemigo, ¿qué podría ser peor?
- ¿Que encuentre a ese quinto?

Un pesado suspiro cayó en el aire.

- Entonces más nos vale darnos prisa.

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