8 jul. 2015

- Suéltala ahora.

- No puedo hacerlo. Todavía no. - le respondió, intentando ser firme aunque sus manos estuvieran temblando de forma casi incontenible.

A ella no se le escapó ese detalle, aún cuando él estaba haciendo por ocultar esos temblores con verdadero esfuerzo. Volvió a pasarse una mano por su rostro antes de sentarse, más lejos de él que de costumbre en aquella sala, que tantas conversaciones y confidencias guardaba en ecos...

- Ella es inocente, todos lo sabemos.

- Sí, pero el capitán ha visto demasiados asesinatos en las cortes como para que quiera dejar esta situación con dudas. Y si te soy sincero, yo también tengo ciertas dudas.

- ¿Qué? ¿Tienes dudas? ¿Dudas de tu propia hija?

- ¡No! ... dudas sobre si es verdad que ahora intentan asesinarme, porque la amenaza puede venir de cualquier parte.

El silencio de nuevo habitó el salón, mientras se contemplaban con temor y cierto reto. Podían coincidir en pensamiento, pero sus métodos distaban demasiado entre sí.

- Piensa entonces en que acabas de apartar a tu mejor aliada en este mundo. - concluyó, poniéndose en pie y dejándole solo con sus pensamientos tras esas palabras.

La injusticia era una realidad, pero el miedo le estaba haciendo un inevitable compañero. Temiendo por su vida, incluso sus propios hijos podían ser sus asesinos. Uno había abandonado el hogar para siempre, mientras al que consideraba su hermano seguía sin aparecer tras aquel choque por la libertad de Therin.

Las lágrimas brotaban a la par que su pecho se sacudía por los sollozos. Quería encontrar la solución, pero no la veía, ni siquiera intentando escuchar las palabras del cielo. Nunca se había sentido tan solo.

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