12 jul. 2015

La nieve bajo su cuerpo empezó a oscurecerse como si tragase la sangre de una bestia herida. A cada movimiento que hacía, esta mancha seguía creciendo. Sus manos se agarraban a la fría materia blanca que cubría el suelo, haciendo esfuerzo sobrehumano para salir de lo que parecía un pozo de negrura. Toda criatura viva se había alejado del lugar, mientras el cuerpo humaniforme que hacía por salir con gran esfuerzo se resistía a la fuerza que quería tragarlo de nuevo hacia las profundidades.

Al principio era silencio, pero como si hubiera comprendido que vivía y no era solo una pesadilla de la que escapar, gritos y gemidos por el esfuerzo exhalaban de su boca. No quería mirar atrás, suponía una poca pero valiosa energía que necesitaba para no morir.

En su mente había demasiados pensamientos muy fugaces sobre el pasado inmediato y los temores que podían hacerse realidad. Toda esa corriente de emociones provocadas le hacían luchar con más ahínco. Casi no le permitían detectar a las otras criaturas de sombra que, igual que ella, parecían huir de un pozo que siempre tragaba. Escuchó un gran estruendo a sus espaldas, igual que una violenta ventisca comenzó a empujarla hacia atrás. Gritó frustrada por encontrar tantas adversidades para algo que parecía tan simple como arrastrarse por el suelo, pero no se rindió. El estruendo se intensificó hasta acabar en una tremenda explosión que hizo eco en el bosque donde se encontraba, acabando también con la poderosa ventisca. Volvió a respirar de forma normal, aunque tardaría en sentir que su corazón latía de forma saludable.

Alzó su rostro para observar que aquellas formas de sombra, variadas en forma y tamaño, se apostaban sobre ella, como queriendo adivinar sus movimientos. Tembló, acostumbrada a ellas pero no con tal atención. Parecían amenazadoras, y tuvo presente lo que debía hacer. Apenas quedó de rodillas y cerró los ojos, asumiendo el destino que le esperaba. Aquellas sombras, que intensificaban el frío que poblaba el helado paraje, escucharon sus palabras de sumisión y lealtad una vez más, satisfechas por el precio que había tenido que pagar. No había sido el fin, todavía no.

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