30 ene. 2012

Comienzos XIII

El camino hacia casa se me hizo largo y al mismo tiempo corto. Largo, pues deseaba volver a ver a mi familia y me impacientaba. Me preguntaba si realmente me perdonarían por lo que había hecho, o si me aceptarían después de todo. Pero el miedo era mucho menor que el hecho de volver a verlos. Corto, pues mi viaje con Norman no duró poco más de una semana, y esa semana fue la mejor de toda mi aventura.
Me sentía como si hubiera encontrado a un amigo de toda la vida. Alguien de confianza. Aunque me mostraba reacia a la hora de hablar con él, dentro de mí agradecía cualquiera de sus palabras. Curó mis heridas antes de continuar el viaje, con delicadeza y cuidado. Le pedí que si al llegar aún no habían sanado me diera un poco de tiempo, pues no quería que mi familia viera todas esas heridas. Claro que... después quedaron las cicatrices.
Norman era un hombre muy educado, y tenía siempre algún tema de conversación. Siempre me miraba a los ojos cuando hablaba; así descubrí un día el color miel de sus ojos. Nunca antes me había fijado.
Solía hacerme reír, y eso que en esa época era difícil. No eran carcajadas, pero me salían ahogadas por mi propia mano. No quería mostrar que en realidad me hacía mucha gracia alguna cosa.
Pero a él parecía bastarle con eso.
Él sí que sonreía de forma abierta o soltaba carcajadas cuando yo misma decía algo ingenioso o divertido. Pero no ese tipo de carcajadas que retumban, sino como si formara una melodía limpia que contagiaba a cualquiera. Claro que, siempre de manera discreta y sin perder las formas.

Sin embargo... no podía dejar de pensar en otra cosa. Aún estando con él y pensando en mi familia, no veía el momento de volver a ver a Drek. Sí, realmente lo echaba tanto de menos...
Seguro que iba a decir aquello de "te lo advertí", pero no me importaba. Yo le reprocharía que no viniera conmigo, y después si lo conseguía, le declararía mis sentimientos. Quizá entonces comprendiera mejor mi escapada. Pero el rechazo era seguro, y en parte no estaba preparada para ello.

Fue un viaje corto, como he mencionado. Finalmente llegamos de nuevo a mi ciudad. Mis heridas estaban ya sanadas, gracias a Norman. Estaba realmente nerviosa, impaciente y asustada. Mi castillo no estaba muy lejos ya.
Norman me cubrió con una de sus capas, muy calentita. El primer día, por suerte, me proporcionó de nuevo ropa decente y me deshice de ese pútrido camisón.
Nadie parecía reconocerme, y no me extrañaba. Había cambiado un poco, y bueno sí, estaba cubierta. Pero no totalmente.

Incluso cuando entré en el castillo nadie me reconoció. Salvo cuando mi padre me encontró, al ir a dar la bienvenida a Norman.
Estaba visiblemente cansado, quizá hasta más mayor... antes de saludar a Norman se detuvo ante mí, con una mirada ensoñadora. Como si hubiera soñado varias veces con ese momento. Tan triste... que heló mi propio corazón.

-Padre...yo...-Comencé algo parecido a una disculpa y a un "estoy en casa".

Pero él se agachó y me abrazó. No sé si creía que me iría de nuevo y que con ese abrazo me retendría. Pero no pensaba irme. Como respuesta, me desmoroné en su regazo agradeciendo su gesto y sobre todo, que no me rechazara después de todo.

Después se separó, se tragó las lágrimas y... me dio la colleja de mi vida. Supongo que en ella había cargado más su miedo que su ira.
Y luego, tan solo añadió:

-Estás castigada de por vida.-"Tampoco querría irme de nuevo", pensé.

-De acuerdo, padre.

Él me sonrió y acarició mi mejilla. Luego sentí algo que me golpeó en la espalda. Al darme la vuelta pude ver la causa de ese pequeño empujón.
Dorek estaba algo más mayor, pero seguía siendo aquel niño que reía y jugaba. No me dijo nada, solo me abrazó con otra de sus sonrisas adorables.

-Hola enano, ¿me has echado de menos?- Pregunté mientras le abrazaba y sonreía. Me encantó oler de nuevo el pelo de aquel pequeño diablillo.
Asintió y continuo abrazándome.

- Tu... tienes que descansar.-Dijo mi padre, el cual parecía contener las ganas de abrazarnos.- Tu aposento sigue siendo el mismo.

-Luego iré...- Añadí mientras lo acercaba para que nos diera el abrazo.

Mientras duraba el abrazo, sentí de nuevo el cansancio. Esa vez fue diferente. Más que simple sueño, me sentí de nuevo acogida. O protegida, más bien. Como cuando de nuevo sintiera que estaba en mi lugar, y quería relajarme por completo.

-Creo que iré a dormir... ¿dónde está Iefel?

-Está perdido en la biblioteca, como siempre.-Respondió Dorek.-Le diré que estás aquí.
Y tras ello, salió corriendo.

-No, espera, no le moles... da igual.- Miré a mi padre, pidiendo permiso con la mirada. Ansiaba ver a Iefel.

-Corre.

Y así hice. Al ir, escuché a mi padre dar órdenes para la preparación de una fiesta. Aunque ese pequeño detalle era lo de menos. Llegué a la biblioteca, que estaba más oscura de lo normal y además había demasiado silencio.

-¿Hola?-Susurré. La respuesta fue el silencio.

Dorek temblaba un poco, y sostenía su espada de madera. Avancé hacia el fondo, ya por saber si algún monstruo horrible se estaba comiendo a Iefel. No era plan...
Percibí una luz de vela.

-¿Iefel?-Pregunté, aún en susurro.

-¿Uhm?-Escuché una leve respuesta casi ausente.

-¿No vas a saludar a tu hermana?

Pude ver bajo la pobre luz de las velas a mi hermano, hecho un ovillo con capas de ropa. Levantó la cabeza al oírme y abrió los ojos de puro asombro.

-¿Ya pensabas que te habías librado de mí?- Dije sonriendo.

Pero no dije nada. Solo se levantó lentamente y suspiró. "¿Y si él no quería volver a verme?" Pensé. Lo miré un poco asustada, con miedo a su rechazo. Pero más que rechazo hubo una leve agresión. Cogió un libro y me lo lanzó.

- ¿¡¿Donde has estado?!?

-¡Auch! Pues, ¡de viaje!

-¿Así, sin más?- Estaba hecho una furia.-¡Con una nota que no decia nada!

-¿Qué no decía nada?-Pregunté arqueando una ceja.- ¿Se borró?

-¡Nada de interes!

-Dije que me iba, ¿qué iba a decir?

-¡Pues que nos querías y que no te ibas!- Añadió antes de abrazarme.

-Pues como os quiero he vuelto...-Aunque sabía que de ser así, habría vuelto antes. Debí decir: "pues como os quiero, no he vuelto porque soy una orgullosa arrogante".

-Has tardado mucho...

-Me perdí.-Mentí.-Lo siento mucho.

-Shh.

Me calló, rotundo y conciso. Y me abrazó aún más fuerte. Cuando pensaba en todo lo que había hecho, pensé en que aún debía muchas disculpas. Primero a mi padre, aún no le había pedido perdón. Y después de a mi familia... a Drek.
En cuanto me separara de Iefel, antes de ir a dormir iría a ver de nuevo a Drek. El corazón me latía frenéticamente al pensar en ello.
Pero antes de poder ir, el sueño me venció, y caí rendida en los brazos de Iefel. No sé que cara puso al ver que me quedaba dormida sobre él, espero que no se asustara.
No pude satisfacer mi deseo de ver a Drek.

"Mañana..." Deseé.

4 comentarios:

  1. Pero me quieres, ¿a que chi?

    ~Kyra~

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    1. Me alegro. Además... seguro que me quieres más porque me escapé, ¡piénsalo! Me echaste de menos y al volver a verme pues tu cariño aumentó.

      ~Kyra~

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