1 feb. 2012

Comienzos XIV

A la mañana siguiente desperté en mi cama. ¡La extrañaba tanto! Desperté y estuve largo tiempo remoloneando, volviendo a sentir la calidez de las mantas, la suavidad de las sábanas de seda, y sobre todo... estaba tan blanda en comparación con el duro suelo...
Entonces, al recordar que estaba en casa y todavía estando medio dormida, recordé lo que no pude hacer la tarde pasada.
Me levanté con ánimo y me dirigí hacia el comedor. Para desayunar, por supuesto, y para coger algo de comida para Drek. Esperaba que no estuviera del todo hambriento, aunque siempre le daban comida, nunca le daban tanto como yo.
Allí me encontré con mi padre, Iefel y Dorek. Al parecer aún era temprano, para sorpresa mía.

Me dieron los buenos días, después me informaron de que había dormido más de lo que creía. Tres días, ni más ni menos. Aunque no me extrañaba.

-¡¡Me diste un susto de muerte cuando te quedaste dormida!!-Me acusó Iefel. Recordé que me dormí mientras lo abrazaba, así que no era de extrañar.

-Lo siento.-Dije mientras seguía comiendo. Había perdido algunos de mis modales debido al viaje, así que no recordé que no...

-¡Ha hablado con la boca llena!-Dorek confirmó la falta de modales. Mi padre me lanzó una mirada de desaprobación. Por lo que continué comiendo con normalidad.

Cuando nadie miraba, cogí comida y bajé a mi lugar secreto. Fui tan feliz, llena de esperanza... que no me planteé la posibilidad de que ocurriese lo que vi.
Al llegar a la mazmorra de Drek, contemplé asustada que ya no estaba allí. Sus cadenas estaban abiertas, y el lugar estaba aún más frío que antes. Drek daba en algún sentido, un poco de calidez.
Busqué por todas las mazmorras, con los ojos llenos de lágrimas. Incluso me perdí al desorientarme. Regresé de nuevo a la que debería ser el lugar donde él me recibiera de cualquier manera. Y me tiré mientras un sollozo ahogado y desgarrado emergía de mi garganta.
No recuerdo cuanto tiempo estuve así. Me planteé tantas cosas...
¿Se marchó?¿No quería realmente venir conmigo?¿Lo liberaron? O quizá... no. Vi la imagen de mi amigo inerte en el suelo, creyendo lo peor. Lloré hasta que mis ojos decidieron que no querían volver a llorar nunca más por él.

Y el tiempo pasó. Desde ese día aquellos que vivían conmigo veían a una persona casi perdida en sus pensamientos. La ojeras se quedaron en mi rostro durante mucho tiempo. Y casi nada me hacía sonreír.
Ya no sabía cuantas maneras de sufrir por amor existían. Y desde luego no quería volver a sentirlas. "No vale la pena... el amor está sobrevalorado."

Al cabo de unos meses, tras establecer una mayor amistad con Norman, quien se comportaba como un caballero en todo momento conmigo, ver a Iefel encerrado en la biblioteca y a Dorek feliz, jugando e intentando hacerme sonreír de vez en cuando, mi padre me convocó una tarde.
Y por supuesto, acudí.

Al llegar, como cada día, se quedó mirándome con cara de preocupación. Pero nunca me preguntaría. Y yo nunca le respondería que me había enamorado de un elfo de piel negra y cabello platrado que se había ido sin dejar rastro.

-Aquí estoy, padre. ¿Qué quieres decirme?-Pregunté para desviar su atención sobre mi aspecto. Continuó haciéndolo, pero yo esperé a que contestara.
     
-Tengo algo que contarte, que concierne a tu futuro.
       
-Te escucho.
      
-Al igual que tu hermano mayor, algún día tendrás que compartir tu vida con alguien, ¿no crees?- Aquellas palabras me hicieron gesticular una profunda mueca de dolor que al instante desapareció para serenarme de nuevo.

Era como echar sal en la herida. También era cierto, mi hermano se había comprometido no hacía mucho, durante mi ausencia. Era una muchacha bastante agradable, pero no imaginaba a mi hermano con ella. Sin embargo... ¿quién sabía? A lo mejor se enamoraban.
        
-Supongo.-Dije sin más, al acabar el hilo de mis pensamientos.
      
-La última palabra sera tuya, pero no se me ocurre un mejor pretendiente que nuestro querido Norman.
       
-Comprendo que a mi edad ya debería estar desposada... pero lo cierto es que no es mi deseo.
      
-Nuestros deseos chocan a veces con nuestro deber, ya lo sabes, hija mía.-"Por eso odio ser noble" pensé. Realmente no lo odiaba completamente, pero era una de las cosas que me hacían desear no serlo. Además... ¿Norman?
        
-Mis sentimientos hacia Norman no traspasan la barrera de la amistad.
      
-El amor llega con el tiempo, lo creas o no.- Añadió sonriendo con cariño. Sí, realmente mi padre amaba a mi madre, y no había dejado de hacerlo entonces. Pero yo era diferente.
        
-Lo creo, pero no quiero que llegue.
      
-Piénsalo, no te pido otra cosa.-"Pides demasiado".
       
-Qué opina Norman?
      
-Aún no sabe de esto.
       
-Entiendo. Esperaré a escuchar su decisión.-Con un poco de suerte, diría que no.
      
-Puedes retirarte si quieres, si prefieres, puedes hablarle de esto tú misma.
        
-De acuerdo.-Y sin despedirme, me di la vuelta y marché.

No fui a buscar a Norman, en absoluto. Paseé durante un rato, y casualmente me lo encontré. Le había estado dando vueltas a la conversación, y desde luego no iba a mentir a Norman ni esperar a que mi padre se lo dijera a su manera.
Al verme, me saludó con una reverencia y otra de sus sonrisas. Eso era lo que más me gustaba de él. Le respondí con algo parecido a una sonrisa que seguro no se creyó.

-Buenas tardes, Norman.
      
-Y que así sigan.-Sonreí sin mirarle directamente. No, no iban a seguir siendo buenas.
     
-Hace un buen día para pasear, ¿gustáis?- Desde que regresamos al castillo, Norman dejó de tutearme. Así que yo hice lo mismo.
         
-Será un placer.-Comenzamos a pasear, y durante ello comencé a hablar.-Debo comentaros algo.
      
-Tenéis mi completa atención.
        
-Seré directa.-Comencé, mirando al suelo como si no hubiera otra cosa. Sabía que eso quizá molestaría a Norman, pues a él le gustaba mirar a los ojos cuando hablaba.-Según mi padre ya es hora de encontrar un hombre con quien compartir mi vida.
     
-Una decisión importante.- Dijo algo sorprendido.
      
-Desde luego.-Callé. Él espero en silencio.-Él ya ha elegido un pretendiente
     
Continuó esperando, cerrando los ojos.
        
-No quiero incomodaros con el tema, pero lo cierto es que os concierne, pues el pretendiente sois vos.-Concluí.
     
-En los cuentos era el caballero el que pretendía a la princesa.-Comentó con una sonrisa tensa.
       
-En este caso el padre de la princesa elige.-Sonreí con ironía.-Pero sois libre de tomar la decision que queráis.
      
-Respeto a vuestro padre, pero creo que esta decisión la tomaremos los dos.
     
-Como gustéis.
      
-Dejad de cederme la palabra, y hablad sobre lo que deseáis...Yo no soy vuestro padre, ¿recordáis?
        
-Lo recuerdo, pero antes de expresar mi criterio querría escuchar el vuestro, si no os importa.
     
-... Creo que podría llegar a ser feliz compartiendo mi vida. Os toca.

Pestañeé varias veces sin darme cuenta. Me sorprendió su respuesta. Aunque en realidad más que sorpresa fue verme desarmada sin saber que responder exactamente.
        
-¿Y bien?-Preguntó al ver mi silencio.
     
-Creo que... también podría. Pero una cosa es la felicidad y otra lo es el amor...Por supuesto, ambas pueden existir al mismo tiempo
      
-Pero no es el caso.
       
-Lo lamento.-En ese momento hubiera deseado sentir algo más por Norman. Dejar de sentir tanto dolor por alguien que me había abandonado.
     
-No es una exigencia, por lo que no tenéis que disculparos; Os agradezco la sinceridad, no podría vivir con un engaño.
        
-Y vos, ¿qué sentís?
      
-Algo que podría crecer y convertirse en amor, pero ya no tiene sentido detenerse a pensar en ello.
        
-Dicen que el amor llega.-"Y si tiene que llegar de nuevo, no estaría mal que fuera con él."
      
-Si tiene que hacerlo
        
-Si nos casamos, tendrá que llegar.
      
-Pero no va a suceder, ¿no es cierto?. Dudo que lo hicierais sin amor.-Eso era cierto. No era tan valiente con Iefel en ese sentido. No podía tirarme a un precipicio sin saber lo que hay debajo, aunque sean piedras afiladas o un lago mágico que concede deseos,
        
-... Es mi deber... Sinceramente, ¿vos que queréis?
    
- Hablare con vuestro padre, no os alarméis.-Ignoró mi pregunta.-Debo marchar, si me disculpáis...
        
-Sí, claro...

No quería seguir insistiendo. Me quisiera o no, lo había rechazado y no creía propio el hecho de seguir hablando del tema.
Ya no tenía claro lo que quería. Realmente deseaba enamorarme de Norman. Si así podía olvidar a Drek y respirar de nuevo como antes. Pero no podía o... no quería. Aún guardaba la esperanza de que él volvería a por mí.
Entonces, algo cambió por completo mis pensamientos. Algo que durante un tiempo me dijeron. Iefel, sobre todo, me acusaba de inventarme a ese "amigo" que decía tener. Alguien de mi imaginación. Que no era real.

Y si...¿era cierto? ¿si nunca había existido?
Entonces lo decidí. Aún me dolía ese amor frustrado, pero todo cobraba otra forma diferente. Sería como si nunca hubiera existido.
Con un poco de suerte... mi corazón se reconstruiría y daría paso a otra persona, ¿no?

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