12 dic. 2014

Moscas. Moscas que revoloteaban. Señal de podredumbre, de muerte y descomposición.
Elementos que, más a menudo de lo que quisiera en realidad, forman parte de mi vida. Especialmente desde que la pobre criatura que ahora me sigue y protege vive en contra de todo lo que los dioses dictaban.

No quedan muchos como yo, no después de la Purga.
Pero he aprendido a ser más que necesario, satisfaciendo el deseo de toda criatura viviente: la vida eterna. O una emulación de ella, si es que es realmente posible. Eso es lo que los supervivientes no han terminado de entender.

Nada de resistencias. El Sol Negro es un auténtico circo. Ha llegado el momento de entender, de comenzar a pensar solo en el ego, la supervivencia individual.
No habrá lugar para todos una vez la entendamos. No nos vale con demostrarles que no queremos mal. Si solo buscan su beneficio, habrá que proporcionarselo. Solo unos pocos seremos necesarios, nada quedará para el resto si realmente queremos sobrevivir a este nuevo mundo.

Y ahora, con esta nueva aprendiz, si es que aprende a hacerse valer...
Me recuerda la inocencia que todos tuvimos una vez, al ser jóvenes o inexpertos. Antes de que comprendiese y me guiasen hacia lo que soy ahora. Somos lo que este mundo hace de nosotros.
No sé si es consciente de lo que puede perder si me acompaña en este camino. No sé si lo soportará siquiera. Pero el mundo se mueve y pienso seguir en él, me acompañe o no.

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