5 dic. 2014

Mis temores

Empecé a escuchar el centellar de las espadas que, sin piedad, chocaban fieramente al otro lado del muro. Esa ciudad, la guerra... no está hecha para mí.
¿Qué podría hacer yo? Nada, no podría ayudar en nada, hacía bien obedeciendo a mi padre.
Pero tenía miedo. Quizá esa fue la última noche. Quizá... fue el último abrazo.
¿Y Roy? ¿Sería también su primer y último beso?
Quería pensar que no, que volverían. Pero un profundo miedo me aprisionaba el corazón.

Tal era el estruendo y la inquietud que acudí al lago para zambullirme el tiempo que fuera posible, para no escuchar nada salvo mis malditos pensamientos. No me dejaban en paz, pero al menos me aislaba de la realidad al son de la naturaleza, el murmullo del agua.

Esa soledad se vio disipada tras la llegada del mago Sol. Me ofrecía lo que tanto ansiaba. Solo necesitaba un empujón, que alguien me pidiera que lo hiciera. Solo necesitaba unas palabras de alguien que no fuera yo que me pidiesen que fuera a la ciudad y salvara a mi padre.
No lo dudé. Entré en el portal. ¿Así se llamaba?

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¡¿Dónde estoy?! ¡Esta prueba no es para mí!
¿La Torre? ¡Quiero salir de aquí, este no es mi objetivo! Tengo miedo, más que nunca. Me he quedado sola después de que esa criatura nauseabunda... me separara de esa muchacha. No voy a poder salir nunca, no soy capaz. Y mi padre me necesita ahí fuera...

Ojalá le hubiera hecho caso.

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Ella volvió. Al fin he conseguido salir de la Torre. Esa muchacha pidió ayuda a quien supongo, será su Maestro. Un mago de cabellos largos y plateados. Me ha mirado de una forma muy extraña, parecía conocerme. O quizá le recordé a mi madre.
Pero... no sé. Era muy diferente al resto de personas que la conocían. Parecía guardar un secreto en su mirada.
O tal vez solo era mi propio miedo el que me daba a malentender.

Sin embargo, se prestó a ayudarme aún cuando me insistió en volver al campamento. Parecía querer cuidar de mí, y yo lo necesitaba.

Solo me faltaba encontrar a mi padre.

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La he fastidiado.
Me ha encontrado la persona equivocada. Pensé que podría confiar en él, Lucius. Pero no, solo se movía por sus propios intereses, y me hizo prisionera para negociar con mi padre.

Pensé que haría caso a sus hombres. Puede casarse de nuevo y tener otros hijos. Más obedientes, más buenos, fuertes, y que desde luego no se dejarían atrapar de este modo.
Tuve más miedo que nunca, más miedo aún que cuando estuve en esa torre.

Pero me eligió a mí.
Me sentí como si volviera a nacer de tan solo el abrazo de mi padre. Aunque lo peor aún estaba por llegar...

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No. ¡No!
¡Está muerto! ¡Lo han matado!
Apenas puedo sentir más que las lágrimas corriendo por mis mejillas y una profunda... ¿rabia? ¿Es esto lo que llaman odio?
Nunca había odiado, pero al ver el filicidio delante de mí... Parecía que no le importaba lo mínimo el hecho de haber asesinado a su propio hijo.

Y quise vengarme.

La guerra, el miedo, la ira... nos cambia a todos.
Esa fue la conclusión a la que llegué cuando disparé con violencia una bola de fuego hacia su pecho. El resto, se encargó de quitarle la vida tras ello.
Luego, no pude sentir más que vacío.

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"... ordenaron al clérigo que le salvase la vida."
Apenas estaba escuchando las palabras de mi padre cuando desperté de ese sueño tan pesado y extraño. Pero esas últimas palabras...

Está vivo...

Vamos a cumplir todas esas cosas que pudieron ser y... ¡serán! Porque los Dioses me han dado un gran regalo a pesar de todo lo que he hecho.
Vuelvo a ver la luz.

1 comentario:

  1. Tantas emociones, tantos sentimientos...
    Duele no tener el control sobre lo que pasa a tu alrededor, no poder cuidar de tus seres queridos... ¿no es cierto?

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