23 dic. 2014

El humo del cigarrillo se perdía en el viento, azotado por la brisa. No es que fuera una idea brillante permanecer allí, en el frío invernal, podría pensar cualquiera. Pero tenía la suerte de que ni el frío, ni el calor, ni tampoco el paso del tiempo, hacían mella en su cuerpo.

Y mientras hacía que se consumiera, perdida entre pensamientos, una figura llamó su atención.
Caminaba encogido sobre sí mismo, con la mirada puesta en el suelo que pisaba, ausente de todo lo que había a su alrededor. Pero como si le llamase, alzó la vista. Sus miradas se encontraron y él se detuvo.

No recordaban si habían hablado realmente, solo... conocían su existencia.
Habían compartido un corazón donde ocupar un lugar, pero solo uno de los dos había permanecido para bien, para brindar calor y quizás consuelo. Pensaba permanecer todo el tiempo que se le permitiese, sanando heridas, recuperando su tiempo perdido, viviendo de otro modo lo que casi se les había negado.

Ella lanzó el cigarrillo al suelo, caminando para ponerse a su altura, quizás desafiante, iracunda por lo que sabía que ella, en el edificio que dejaba atrás, sentía. No estaba dispuesta a dejarse llevar por la violencia, salvo que unas palabras la invitasen a ello.

- ¿Se te ha perdido algo?

Él suspiró, mirando hacia arriba, hacia su casa. Parecía que sus planes tendrían que cambiar a la fuerza.

- No. Nada de tu incumbencia en todo caso.
- Entonces puedes seguir caminando. No tienes nada que hacer cerca de este sitio, mucho menos cerca de ella.
- No sabía que tuviera un perro guardián.

La risa de ella fue prácticamente una fuga, por el doble sentido de aquella frase, pero no se dejó amilanar.

- Tiene lo que necesita: amigos, gente que la quiere y que no la hiere sin motivo alguno.

Comprendiendo el golpe recibido, retrocedió un par de pasos, como si tomara conciencia de la situación. Miró de un lado a otro, sin saber que hacer, sintiendose perdido por momentos.
Finalmente, su cuerpo dejó escapar la tensión, al no tener que reunir más fuerzas estando en la derrota.

- Si dejas que este mensaje llegue a ella... dile que deseo que sea muy feliz. Es lo único, y es un deseo sincero.

Y caminó, perdiéndose en las oscuras calles bajo la mirada de Andrea, que apenas podía decidirse a qué hacer, en aquel momento tan crítico...

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