3 jul. 2012

Una estrella bajo tierra


La destrucción ha cesado. El terror desaparece poco a poco, dejando un miedo latente en los corazones de aquellos que han sobrevivido a la campaña de conquista. Totalmente ausente de emoción, ya que apenas se ha ofrecido resistencia.

Y el líder de todo esto, oculto todavía bajo un disfraz que a todos ha sabido engañar, suspira encolerizado. Parece ser capaz de exteriorizar sentimientos como la cólera, la ira. Aunque efímeros, como si temiese caer bajo su control. Eso le convierte en un enemigo terrible, y si se mostrase a la luz, imparable.

- ¿Mi señor? - pregunto con calma. - Las grandes naves de vuestro ejército ya se han detenido, y regresan al origen.

Asiente, en silencio, y mirando al vacío. Sigue sumergido en la oscuridad en la que parece sentirse tan a gusto. Aunque de tanto en tanto dirige su mirada a la celda que, justo en frente, permanece vacía, desde que la rebelde junto con la que fue capturado, escapó.
Casi descubre la verdad. Y temería ese momento. El rechazo de ella hacia el conquistador de este mundo podría provocar una llama que desembocaría en autodestrucción.

- En un futuro, volverán. Esta vez, para destruirlos. - dice en murmullo, todavía mirando a la celda - Pero aún debo solucionar algunos asuntos... Y quiero que me acompañes

Esa última frase significa mi libertad. No se me ha permitido abandonar este lugar en lo que parecen eones. El cautiverio es la peor de las torturas, pero tal vez, un capricho de un tirano signifique un cambio en mi vida

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