19 jun. 2011

Lo desconocido está próximo.

Un par de días han pasado desde nuestra llegada. Nos alojamos en el interior del castillo, Sol, Ethan y yo. Bueno, a Ethan después de dejarme en la cama tras hablar con Iefel no lo he vuelto a ver. Solo dejó un anillo. Cuando toqué el colgante que me regaló caí desmayada, y aunque busqué por todas partes no lo encontré. Volví a intentar entrar en contacto con él, y esa vez no quedé inconsciente. “Volveré”, es lo único que me decía. Lo único que odio de él es eso, su capacidad de aparecer y desaparecer sin dejar rastro ni tampoco explicaciones. Más tarde dejó una nota explicando que me estaba preparando una sorpresa. ¿En el infierno? A saber lo que es.

Por otro lado, creo que acabo de tomar la decisión más demente de toda mi vida teniendo en cuenta mis miedos. Hablé nuevamente con Iefel, y existe la posibilidad de que pueda venir con nosotros. El problema es que antes de ello, debe cumplir una misión: Atravesar El Muro y encontrar a los que fueron anteriormente. Son amigos de Iefel, por lo que entiendo que esté dispuesto a ir a buscarlos. Yo también lo haría. Y como es mi hermano, no puedo dejarlo solo, después de todo lo que he pasado, no quiero verle morir sin más. Así que… he decidido acompañarlos. Lo sé, estoy loca. Y lo peor es que Sol quiere venir también… ¡ni hablar! No estoy dispuesta a perderlos a los dos.

Sol continuaba insistiendo, y a pesar de que fue difícil convencer a Iefel para que me dejara acompañarlos, no puso ninguna pega a que viniera él. Y luego la egoísta soy yo. La cosa acabó tensa, Sol y yo nos enfadamos. Terminé mi plato y me fui directa a la cama. No tardó en venir a hablar. Pensé que le había convencido para que no viniera, quedé bastante satisfecha por ello.

Cuando terminamos de hablar me sorprendió con un beso en los labios. Fue solo un roce, sin ánimo de más. Supuse que para él significaba lo de siempre, el fin de una etapa de su vida. Y así era, pues Sol era al fin y al cabo, un hombre de costumbres. El colgante de Ethan ardía, era obvio que lo había visto o sentido, aún no tengo muy claro lo que es. Queda poco para partir, al amanecer del día que nazca mañana.

Hice poco más, hablé de nuevo con Iefel para asegurarme de que iba a avisarme cuando tuviéramos que partir, y al final me lo prometió. De nuevo a solas sobre mi cama, intenté contactar con Ethan para despedirme de algún modo. Le pregunté dónde estaba y de nuevo respondió que preparándome una sorpresa. Luego se materializó, y me preguntó por el beso. Creo que le convencí de que para Sol significaba otra cosa, aunque estaba celoso. Me pareció adorable por su parte.
Él sabía que vamos a atravesar El Muro, y me vino genial, porque no quería explicarle a él también que me iba, y además tampoco quería que intentase unirse a nosotros. Es cosa mía, quiero intentar vencer mi miedo, y he de hacerlo sola. Con un último beso en los labios y un “ten cuidado” saliendo de ellos, de nuevo desapareció.

Ahora toca dormir, mañana será la hora de la verdad. Sol duerme cerca de mi cama tras pasar el día en la biblioteca. Tengo tanto miedo que no sé si podré traspasar El Muro sin que me dé un ataque de histeria y quiera volver hacia atrás. El tiempo dirá. Tal vez esta sea la última vez que escribo con esta personalidad. El cambio está garantizado, lo desconocido está próximo.

[Diario XXII]

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