24 ago. 2015

Cuando la sangre abandona tu cuerpo, sientes como si un profundo sueño del que no puedes escapar se cierne sobre ti. Como una pesada manta que te cubrirá sin remedio, asfixiándote. Un profundo calor sentí que me invadía poco antes de poder ver la hoja que abandonaba mi cuerpo después de hendir en él. Mi cuerpo se hizo difícil de controlar entonces.

Con parpadeos suaves mi visión se oscurecía como si me sumergiera en una profunda noche. Casi me escuchaba lejos. Había juzgado mal a aquel hombre. Ya había matado una vez sin pensar en las consecuencias, que yo fuera el siguiente no era algo extraño. Solo que había llegado a esa reflexión demasiado tarde. Casi quería expresársela a Therin cuando la vi aparecer frente a mí. Su cara de pánico no me ayudaba en nada, pero ni siquiera era capaz de expresar sonidos coherentes. Tenía que saber lo mucho que lamentaba haber traído a ese monstruo a su casa. Su vida se había teñido de tristeza una vez más por un asesinato injusto. La verdad se escapaba igual que mi conciencia. El terror me hace preso, más todavía cuando sé que nunca saldrá a la luz.

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