12 sept. 2015

Ya se ha marchado. Sus palabras todavía resuenan en esta sala atestada de gente donde me siento invisible. Y, aunque me odiara por decirlo, me cuesta creerlas. El tiempo parece que no pasa ante una situación tan absurda. Justo cuando por fin me había rendido, que había desistido de cualquier contacto... y la idea incluso se me hacía agradable. Empezaría de cero de forma verdadera, sin nada atrás que extrañar o lamentar.

Pero regresaba una vez más para, además de confundirme, llevar la contraria. Quién sabía si lo hacía adrede para... a saber qué. Solo ella sabía de los motivos de sus acciones. La calma que había detrás de sus palabras, asentada en su mirada, me inspira algo bueno. Ahora que se ha ido, dejandome entre desconocidos y bebidas que prometían más conversación, esas sensaciones se diluyen.

Tal vez debería dejarla escapar como ella hizo conmigo. Desaparecer, como tantas veces hemos querido y permitir que viva lo que desea y se merece.

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