12 abr. 2012

Hacia un sueño mortal

Aquel muchacho no había tenido demasiada suerte. Se atrevió a acercarse con su grupo y no contento con ello me arrebató mi pequeña saca donde en realidad no contenía demasiado dinero, pero fue la excusa perfecta para comenzar.
Lo dormí y lo llevé a la Esfera, donde despertó asustado.
No quería que muriese de hambre, seguro sería una muerte terrible.
Me acusaba con despectivos como "loca", y me preguntaba a cada rato que quería hacer con él. No le respondí. Ni siquiera yo misma lo tenía claro entonces.
Hasta que tomé la decisión. Mi Familiar me recomendó que le proporcionará una dosis mayor de anestesia para dejarlo dormido definitivamente, al menos no sufriría...


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Fuiste a la habitación donde el muchacho te observaba con otra mirada distinta a todas las anteriores. No sabes decir si era que ya comprendía lo que iba a ocurrir a continuación, o si te estaba suplicando que no lo hicieras. O las dos cosas.
Llevabas la jeringuilla preparada con una dosis generosa del veneno que causaría el objetivo.
Empezó a llorar, pero sin jadeos ni mucho menos histeria. No. Eran lágrimas que caían suavemente por su rostro ensombrecido. Asumiendo su muerte, causándote una leve punzada de dolor en el corazón.
Demasiado leve, ¿no es cierto? Porque no dudaste cuando introdujiste el sedante en el interior de su cuerpo.
Empezó a dormirse, con una leve sacudida. Y dos últimas lágrimas asomaron sus ojos antes de abandonar este mundo para siempre...

Ya tienes tu cuerpo diseñado expresamente para que tus manos investiguen cada rincón de su ser.
Pero... ¿serás capaz de soportar el peso del monstruo que poco a poco creas en tu interior?

No es un monstruo. Es mi propio ser enardecido.

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