15 abr. 2012

Comienzos XVI

El tiempo fue pasando a un ritmo bastante agradable. No se me hacían pesadas las horas como anteriormente. Durante el día conversaba con Norman y atendía las preparaciones de una boda no muy lejana. Durante la noche me escapaba de mi lecho para reunirme con aquel extraño personaje con el cual recorría la aventura de ayudar a las personas y sentirnos, de alguna forma, héroes.
Aún seguía castigada, sin embargo no podía perderme las noches con él. Ni siquiera sabía su nombre o apariencia, tan solo importaban los actos. No sabía la reacción de Norman si se enterase de que su prometida frecuenta con otro hombre cada noche. Aunque en esa época poco podía entender yo lo que podría pasar o pensar la gente.

Empezaba a sentir un afecto mayor hacia Norman, pero siempre supe que no sobrepasaba el límite de la amistad. Lo que antaño sentí por Drek era mucho mayor, sin embargo ya en esa época estaba casi olvidado y asumido. Desde luego, no podía haberme enamorado de un ser que nunca había existido tan solo en mi imaginación.

Comenzaron a correr rumores de conspiración contra nuestra casa. Aquellas cosas que nublaban la aparente tranquilidad que nos rodeaba se fueron disipando para darme a conocer que en realidad, todo lo que envuelve las riquezas y los placeres de la nobleza está rodeado por una falsa apariencia de personas ambiciosas.
Nunca comprendí del todo bien el papel que se me imponía al vivir en esas circustancias. Una noble delicada, destinada tan solo a tener hijos y a ser una fiel esposa mientras su marido lucha por su causa.

En ese caso, fue mi prometido uno de los encargados para defender el patrimonio. Como otros hombres, enviados como emisarios.
Era mi hogar, y estaba siendo amenazado, por lo que yo también quise ayudar a defenderlo. Estaba preparada para luchar, ya lo había hecho anteriormente, incluso en algunas de mis noches recientes. Y la verdad había mejorado bastante.

Sin embargo mi padre, mis hermanos e incluso Norman me negaron... no, me prohibieron por todos los medios asistir a la defensa.

-¡Pero es mi hogar y también es mi causa! ¡Estoy preparada para luchar!

-No Kyra, no lo estás. Esto no es asunto tuyo, ni mucho menos es algo a lo que tú puedas asistir.- Concluyó mi padre.

Sabía que tras todo eso tan solo había un motivo exclusivo por el cual no podía ir. Al fin y al cabo era una mujer, nunca lo suficientemente fuerte, ¿no es cierto?
Pero estaban equivocados.
Sin embargo a pesar de mis intentos por infiltrarme no conseguí hacerlo. Estaban encima mía, más que nunca. Ni siquiera pude escaparme por las noches como siempre, y realmente eso me agobiaba.

Pasaron los días, las semanas... y un día recibí una noticia que hirió lo más profundo de mi ser.
No sabía muy bien que era lo que estaba pasando exactamente, pero habían caído algunos hombres.
Y entre ellos, Norman.

El dolor de perder a un gran amigo, la rabia de no haber podido estar con él para defenderle y el miedo de no poder levantarme tras aquel duro golpe fueron la causa de otro episodio amargo de mi vida.
No asistí al entierro, mi padre lo quiso así. Quizá fue lo mejor, no podría haber soportado ver su cuerpo inerte, el cuerpo de la persona con la cual tenía pensado pasar mi vida.

Lo que no sabía entonces, lo que descubrí recientemente es que no había cuerpo. ¿Realmente has muerto, Norman? Permaneces desaparecido, y quisiera saber si conseguiste huir de ese fatídico Destino.
El tiempo ha cambiado muchas cosas, aquello que una vez tuvimos se hace imposible de recuperar.

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