5 sept. 2011

Decepción

Por lo general todo marchaba bien. Hob se recuperó pronto gracias al excéntrico anciano que se supone que va a ayudarme a criarlo. En el fondo le agradezco que viniese. En fin, poco a poco aprenderé como cuidarlo y que esté bien.

Además he estado preparando mi boda. Los invitados, la fecha, el lugar… la vestimenta aún me la estoy pensando. Al final seguro que accedo a ponerme un vestido. Bueno, es mi boda, soy yo la que tiene que destacar, ¿no? Y ya que vienen las personas que quiero, voy a arreglarme para la ocasión.

El 30 de marzo, dentro de dos meses, nuestro enlace se dispondrá en Dyl, la primera ciudad que pisé tras huir de la que fue la mía. Todo por lo general parece perfecto.

Ahora tocaba el tema de los invitados, mi padre, mis hermanos, Sol, Hob, Arnie, Laila, Darius y la poca tripulación que conocí, Gran Sapo y la pandilla, Alvin y… Hedrek.

Él suponía la mayor complicación, porque ni siquiera sabía que estaba con otro hombre. Aún así escribí las invitaciones. Unas más directas, otras más sutiles como la de mi padre y la de Hedrek, en cuya carta solo añadí una pequeña frase en la que decía que me casaba.

Así que se la di a Ethan, no sabía cómo ir hasta Hedrek, y él era el único que podía saber dónde estaba. Realmente solo le pedí que buscase dónde estaba, pensaba enviarle la carta por otro tipo de vía. Pero mientras caminábamos, después de irse él tras toda la noche, lo vimos caminar hacia nosotros.

Parecía normal hasta que me di cuenta de que tenía el ojo derecho amoratado.

Ethan le dio la carta en persona a Hedrek, y como reacción tras leer la carta, le propinó un puñetazo. Por suerte Ethan no se lo devolvió.

Por lo que sabía que tenía que hablar con él urgentemente y explicarle o… bueno, tenía ganas de pegarle por haber hecho eso a Ethan. Afortunadamente Ethan pudo llevarme al lugar.

Una pequeña posada, no sabría distinguir la ciudad. Él se quedó fuera mientras yo me adentraba en busca de Hedrek. Y ahí estaba, de espaldas a mí, con una jarra en la mano y mi carta en la otra. Le toqué el hombro.

Sus ojos me miraron con algo de… ¿desdén? Apretó la mano que sostenía la carta, doblándola de mala manera. Y se levantó. Ahora está más grande, su expresión no es la misma y parece bastante… amargado, por así decirlo. No encontré nada del Hedrek que conocí, salvo aquellos ojos azules clavados en los míos.

Apenas salieron palabras, pregunté qué fue de él y me dijo que algún día me contaría, pues es largo de contar. Afirmó que golpeó a “mi mensajero”, simplemente por la noticia. Estuvimos ahí, de pie, y yo me mantuve deseosa de darle un abrazo después de todo el tiempo pasado. Sin embargo me reprimí, tenía miedo de dar falsas esperanzas o de que no fuera correspondido. También reprimí algunas lágrimas por el hecho de aquel encuentro tan frío.

Fue cuando me preguntó: “¿Qué deseas hacer?” Justo al momento en el que me disponía a irme. Yo pensé: “Abrazarte”, pero en lugar de decirlo le hice la misma pregunta, pensando que me abrazaría.

En lugar de ello, me sorprendió con un beso que evité rápidamente. Solo eso, me besó y se fue. Pero yo no iba a dejar así las cosas y le lancé la jarra de madera a la cabeza. Entonces me fui del lugar.

Lo más difícil fue decírselo a Ethan, cuyos ojos se volvieron más rojos que de costumbre. Aún así se resistió a hacer lo que realmente deseaba hacer, y aún se lo agradezco.

Hedrek… me has decepcionado. Después de tanto tiempo sin vernos, supuse que nuestro encuentro sería algo más cálido de lo que ha sido. Tampoco esperaba ser la alegría de tu vida… pero al menos un abrazo, un “te he echado de menos”, un apretón en el hombro. Lo que fuese, excepto besarme. Me siento traicionada, pues a pesar de saber que voy a casarme, te has aprovechado de mí en ese aspecto: la confianza.


[Diario XLV]





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