13 may. 2011

Palabras de fuego [V]

Aquella misma noche nos despertó el fuego. Las gastadas campanas de la iglesia a los que pocos acudían comenzaron a sonar, despertando a todos los pueblerinos. Varias casar ardían con furor sin que nadie pudiese impedirlo. A pesar de ello, muchos intentaban contenerlo con la escasa agua de los pozos. Nadie pudo detenerlo

Yo los contemplaba con la boca abierta, casi sin darme cuenta. La gente empujaba y golpeaba prácticamente por el hecho de moverse. Sus rostros eran iluminados por aquel fuego estremecedor. Allí lo vi, entre las sombras. Una mano descubierta, fuera del arrope de su capa, como si dirigiera el fuego. Es más, las llamas se avivavan con el movimiento de sus manos

Yo no podía creerlo, y ni se me pasó por la cabeza detener aquel destrozo obrado por aquel conjurador de males. No podría permanecer mucho tiempo en ese pueblo si yo confesaba lo que vi. El temor a la magia era increíblemente potente en comunidades como la mía. Al parecer, aquel hombre tan misterioso también pensó en que no guardaría silencio. Sus ojos me miraron con rabia, y tal vez quiso ponerle remedio

Las llamas cobraron vida, justamente delante de mí. Como si surgieran de la tierra muerta. Quedé cegado por momentos, y cuando recuperé parte de la visión, encontré algo sorprendente. Había caído al suelo del miedo, y ahora una figura femenina hecha de llamas se inclinaba sobre mí. Sus ojos me recordaron a los míos: un increíble vacío blanco que llenaba el corazón de temor

Sus labios se unieron con los míos. Al contrario de lo esperado, no abrasaban. Un calor profundo que irradiaban sus labios, mientras que un estupor me invadía. Ya no pude volver a pronunciar palabra hasta horas después.

Aquel hombre lleno de misterios me arrastró tras haber causado todo aquel caos. En aquellos instantes era mudo, por lo que solo podía intentar escapar e intentar averiguar que era lo que pasaba a través de lo poco que podía ver en aquella noche tan oscura y aciaga

1 comentario:

  1. ¿Qué puede acallar mejor a alguien si no se trata de un beso?
    El fuego, el Sol... ironías del destino.

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