24 may. 2011

Los placeres de la sangre

Cuando comencé creí que solo era un juego, una nueva prueba a superar. Ahora todo es diferente, más oscuro y vil, casi como cuentan en las leyendas
Pero, no me culpen a mí, nunca tuve un demonio en mi camino al que preguntarle:

- Ey, ¿como es todo allá abajo? ¿O arriba? ¡Donde sea!

Su respuesta habría sido llevarme directamente para que lo sufriera en mi propia carne. Ahora que lo pienso, lo prefiero así. Aunque han pasado muchas cosas desde entonces, cualquiera merecería un descanso después de esto. Pero te vale dormir con un ojo abierto para poder sobrevivir

Una vez Kyra estuvo a salvo por fin de vuelta en Argonath, me tocó responder por todo lo que había hecho. Mi situación era, por así decirlo, inusual. Muy inusual. Tanto que ni siquiera los propios demonios tenían constancia de ello. Que curioso, ¿no?

Me encerraron durante largo tiempo, en la oscuridad y una sonata de gritos de almas atormentadas como música de ambiente. Supongo que para intimidar y acabar con la poca cordura que yo conservaba. No terminaba de estar mal cuando descubría algo que sí podía hacerme temblar:
No estaba solo, y mi compañero de celda no era otro que aquel al que acababamos de encerrar, y como "regalo" se me había otorgado mi forma demoníaca. Su ira era grande, y ¡que casualidad!, yo era su principal objetivo. Me habían entregado como primer plato a aquel ser

De hecho, me habría devorado de no ser por la intervención de su amo, que ahora también podría decirse que es el mío.
Af era su nombre. Af el Derrotado, cuya humillación por su última batalla perdida todavía podía verse en su piel, o lo que quedaba de ella. Su látigo restalló sobre su siervo que estaba a punto de devorarme. Se recogió en las cadenas que lo sujetaban en nuestra prisión, y no volvió a acercarse.

¿Una trampa? ¿Una prueba de fe? ¿Querían que me excediera en confianza?
Quizás una mezcla de ambas. Tras sacarme de allí, Af me hizo un nuevo obsequio: me entregó un gran batallón de sus hordas. Mi misión era comandarlas y dirigirlas. Acababa de convertirme en el superior de una hueste de ánimas atormentadas.
La ambición me cegó, y acepté de inmediato. El viejo Derrotado se guardaba más información de la que estaba dispuesta a dar. Me ocultó la gran verdad de sus huestes: para comandarlas, debía derrotarlas primero.

Me arrojaron a una batalla eterna y descarnada. Cuando caí desfallecido y falto de un aliento que no necesitaba, descubrí un cielo negro repleto de estrellas. Mi cuerpo sangraba, y ni siquiera me sentía vencedor. Tan solo vencido

- La derrota que sientes en el alma - escuché desde lejos hablar a Af - es la consigna de estas huestes. Para comandarlas, primero debes ser parte de ellas

Y perdí el sentido con aquellas palabras resonando en mi cabeza

5 comentarios:

  1. Y yo mientras tanto aquí tan feliz pensando que lo que estás haciendo no es tan malo. Igual yo también te evito preocupaciones a tí.

    ~Kyra~

    ResponderEliminar
  2. ¡No te lo permito! ¡Cuentamelo todo!
    - Ethan

    ResponderEliminar
  3. No estamos en igualdad de condiciones: si me ocultas cosas, más fácil será meterme contigo ¡Te conviene mantenerme informado!
    - Ethan

    ResponderEliminar
  4. Lo siento, pero sé que en el fondo te fastidiaría que no te contara las cosas, así que será otra manera de meterme contigo. Estamos en paz así, ¿no crees?

    ~Kyra~

    ResponderEliminar