6 may. 2011

Leyendas del norte (II)

Observo el cielo casi con indiferencia. Desde la torre más alta de nuestro castillo, padre dejaría de escuchar mis molestas quejas acerca de su manera de llevar el gobierno. Siempre llevó muy mal las críticas, incluídas las suaves y amables sugerencias de madre

- Calla, mujer, no necesito de tu pérfida lengua ¡Lárgate a acallar a esos insidiosos niños! - le gritaba sin cesar

Para él, siempre fuimos un estorbo. Pero mi hermano pudo considerarse más inteligente. Pronto aprendió a callar y a acceder a sus deseos, como un corderito. Estúpido y más que estúpido. Anuló toda tu capacidad para pensar, y ahora eres una copia de él.

Podría decirse que padre cumplió su objetivo. Sus ínfulas y delirios radicales de poder no era sino su ansiedad por ser inmortal. De verlos juntos, cualquiera podría decir que el pasado y el futuro se unieron en un agujero temporal

Y por ello no puedo soportarlo
¿Nadie conoce la justicia salvo cuando no se la trata con ella? ¿Tanto ciega el exceso de placeres y poder? No quiero ser así, no puedo permitir que este mundo quede así. Mi espíritu cambia, una sonrisa más sincera y libre de temor aparece en mis labios

Se acerca la noche

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