27 mar. 2016

Devolví a los cielos aquel arma que me habían concedido durante un tiempo límite, una vez cumplido el propósito que allí nos había traído.
Todo había sido muy diferente a lo que esperábamos, pero no parecía... perdido. Era curioso.

Esa muchacha estaba atendiendo a la que aseguraba que era su enemiga, y la cual estaba seguro que le había impedido ser feliz durante el tiempo que durase aquel compromiso forzado. Pero ahora se deshacía por salvarla y también por no ser vencida por el desmayo.
Los mortales somos seres cambiantes, en constante flujo y decisiones... pero ¿tanto?

¿Qué había marcado el cambio?

Cuando le lanzaba toda la fuerza que Aelthar le había concedido al nacer, no parecía pensar en la compasión.

Apenas se percibe cuando cae desfallecida. Es como si se hubiera tumbado a descansar, paulatinamente, casi como para caer en un sueño reconfortante.
Y como en una representación teatral, es momento de aguardar, de esperar. Que surjan preguntas, que florezca la añoranza, que la tranquilidad de su alma inquiete su mente con nuevos propósitos.

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