25 mar. 2016

Compasión

En ocasiones la oportunidad se presenta sin que apenas te des cuenta. El momento que, en parte, llevas tiempo deseando sin siquiera ser consciente de ello. De haber sido consciente quizá nunca habría llegado a ese momento, por pura cautela y miedo a mí misma.
Pero de pronto, al verlo, al tenerlo al alcance... mi deseo era tomarlo.

Dentro de esa tormenta, en el ojo del huracán: Oscuridad, artes prohibidas y dos enemigos. Uno de ellos aliado, desconozco por cuánto tiempo. La distracción que él suponía para aquella mujer de cabellos rojos, la cual parecía un títere a manos de esa oscuridad, facilitó mi venganza.
Mi primer ataque fue producto del miedo al no anticipar tanta cercanía a ella. Luego, inspirada por ese método de invocación que Satas utilizó para obtener su arma, invoqué un rayo que impactó de lleno sobre el cuerpo de esa mujer.

Cualquier excusa era buena. En ese momento donde tuve que salvar a Satas del lazo de aquel zarcillo, no dudé en impactar de nuevo sobre aquel cuerpo inerte con otro de mis hechizos más poderosos.
Olía a carne quemada, de una forma cada vez más penetrante.
En parte no sabía lo que sentía dentro de mí. Además del impacto que me causaron esas terribles imágenes del cuerpo de Melissandre siendo calcinado por un rayo o impactado por el fuego... sentí la ausencia de toda emoción que me empujaran a detenerme.

Creo que de no ser por la aparición de Yue, habría acabado con ella.
Pero su presencia me dejaron ver que los Dioses seguían a mi lado y que si fallaba me dejarían sola y desamparada.
Entonces pude sentir parte de lo que estaba haciendo. Mis ojos se abrieron, y afortunadamente fui capaz de escuchar las palabras de aquel espíritu plenamente bondadoso.

- ¡Detente!-Grité a Satas, con la sensación de que esa voz no salía de mí.- Debemos tener compasión.

Compasión... hacia Melissandre...
Aquella mujer que no me ha dejado descansar durante años, que me ha impuesto la voluntad de un Dios terrible al que temo cada vez más.
Ella... ¿tendría compasión de mí?
No... desde luego, ella nunca ha tenido compasión de mí.
Pero yo soy mejor que ella. Y todo va a terminar, lo desee o no.

- Tu Dios no ha podido salvarte.

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