16 mar. 2015

Vuelven a llamarme, seguramente para preguntarme que dónde coño estoy. Bueno, quizás no lo pregunte así porque es demasiado recatada, demasiado educada para decir algo que pueda. Pero seguro que lo piensa. Porque me he ausentado cada noche de la casa donde ella insiste que podríamos ser felices. Parece que ignora los motivos por los que nos casamos, que podemos dejarlos atrás o convertirlos en otra cosa. Que podemos enamorarnos, que podría querer a ese hijo suyo como si fuera mío, que podríamos soportarnos y tratarnos como padre e hijo. Solo que no sabe que la vida no es tan fácil. Que no se pueden ignorar las cosas horribles que nos pasan, porque algunas cosas son imposibles de cambiar, aunque dieramos la misma vida por ello. Por eso no puedo dejar de buscarla, no puedo dejar que se vaya, que me abandone como tantas veces me ha hecho. No nos merecemos estar separados como tan poco nos merecemos estar juntos siendo como somos. Cuanto más huye, más fuerte la busco. No puede escapar de mí, no puede deshacer el lazo que nos une. Acabaré por encontrarla, no sería capaz de abandonar la ciudad si sabe que estoy en ella. No puede vivir sin mí. Por mucho que lo odie, nos necesitamos demasiado.

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