22 mar. 2015

Cuando oraba a los Dioses por un fin rápido o una posible salvación cuando creíamos que llegaba el fin de los tiempos, creía estar en la verdad. Que todas mis palabras eran sinceras, que se acabaría todo sabiendo que ellos sabrían lo que hay en mi corazón.
Por eso, ante tal arranque de sinceridad, abriendo tanto mi corazón, me sorprendía que pudiese marcharse. Marcharse con el que se suponía que era nuestro enemigo, sin apenas aviso previo, aludiendo a que debía cumplir su palabra. No hay nada que pueda hacer contra ello, pero me duele saber que puedo no volverla a ver.

Iefel está ausente, intentando ocupar su mente con otras cosas. Creo que le está poniendo más empeño a los alumnos que le quedan por el simple hecho de que nadie cometa los mismos errores. Que no se lancen a la boca del lobo a pesar de las advertencias. Que no se dejen engañar y que no se dejen llevar por la ignorancia. Quizás sea injusto para mi hija, pero tampoco sabemos cómo debemos sentirnos, qué esperar del futuro, cómo hacer para esperar a que termine ese maldito mes.

---

Caen palabras desde el cielo. Sus palabras, su letra.
Mensajes de cariño, de afecto que no quiero que olvide. No sé cómo puede estar pasado pero al menos puedo creer que está bien, que está viva.

---

Una semana y seguimos esperando. En mi corazón y mi mente ha pasado una eternidad, pero al menos tengo conciencia de que el mundo sigue moviéndose, de que el tiempo sigue pasando.
Al menos está lejos del caos que aquí se está viviendo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario