25 ene. 2015

No tardé mucho en encontrarle a pesar de estar en aquel enorme palacio en el que estábamos, donde ya se reunían demasiadas catástrofes para mi familia.
Suspiré, antes de acercarme a él y tomarle del hombro, para no llamar la atención de otros. Él se giró, y me dejó ver lo angustiado que estaba. Ninguno de los dos tenía demasiadas fuerzas para fingir estar de otro modo. Y por suerte y a la vez desgracia, el ambiente del palacio no era diferente.

- ¿Cómo está? - preguntó, temeroso.

- No muy bien... todavía no se ha despertado. Aunque habla en sueños y dice cosas que me hacen tener escalofríos. - contesté, recordando la escena, no demasiado agradable.

- Seguro que está bien, el Gran Atalaya cuidará de ella si los Dioses quieren. ¿Qué hay de Lady Morrow? Se escuchan rumores no muy halagüeños.

- ¿Qué clase de rumores? - pregunté, cerrando los ojos con gran agotamiento. Pero más tendría cuando escuché su respuesta:

- Del estilo como que ya no vive, hemos dejado de verla desde ayer.

- ¿Acaso no puede estar ocupada? Va a tener el Imperio sobre sus hombros... pero no son reales, ella está viva.

- Bien... aunque temo que busquen a Therin para aclarar todo lo que ha pasado, si descubren que estuvo allí.

Lo tomé de los hombros de nuevo para que me mirase fijamente.

- No menciones eso, no quiebres la paz que ahora tiene. Morrow ha hecho lo posible porque así sea y así seguirá. - le dije, como si tuviera que decirlo para reafirmar lo que quería que fuera una realidad. - También tenemos suerte de que no te tengan como objetivo, menos mal que estabas rodeado de otros invitados.

Le solté y comenzamos a caminar, como el que paseaba tranquilamente, a fin de esquivar preguntas y otros rumores a nuestro alrededor.

- ¿Y qué pasará con Iefel?

- Creo que lo librarán de estar en las mazmorras. Aunque eso nos va a traer problemas, ya creen que tendrán a otra víctima en sus manos.

- Deberíamos marcharnos, lo antes posible.

- Lo sé, pero Therin no soportaría dejar a nadie atrás. - dije, y tenía razón. Despertarse en mitad del camino con su tío todavía en el castillo sería un gran error. Saberla tan cariñosa y tierna nos hizo sonreír a los dos.

- Maldita sea...

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