1 ene. 2016

La partida hacía poco que había perdido el interés. La competición no era cosa del maestro, que prefería ocuparse a otras tareas más productivas, pero hacía por pasar tiempo con el que fuera su discípulo. Este, en cambio, permanecía observando las piezas con gran interés, planeando una estrategia.

- ¿Cómo está ella? - preguntó entonces, a pesar de lo concentrado que parecía.

Alertó al maestro, y lo devolvió a la tierra que pisaba.

- ¿Quién?
- Therin.
- ... fascinada. Hambrienta de saber. Empoderándose.

Esa última palabra había provocado una sonrisa en el maestro, recordando las muestras que ella había dado hasta llegar a ese estado. El discípulo, en cambio, sintió aflorar en su interior algunas dudas.

- ¿Qué planeas con ella?
- Mostrarle lo que ella quiera saber.
- Aunque ella no sepa que lo quiera, ¿verdad?

El asentimiento después de la sonrisa no hizo más que aumentar la tensión. Las miradas se cruzaban con cautela, investigando, buscando intenciones ocultas.

- ¿... de qué tienes miedo exactamente?
- De que consumas su luz, tal y como hiciste con todos nosotros.

El maestro sintió cómo su sonrisa se hacía más leve, y volvió a mirar el tablero, que permanecía intacto quizás ya por demasiado tiempo.

- Todavía es tu turno.

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