30 may. 2015

Siento la quietud en este lugar, ahora todo es tranquilo. Hay setenta veces siete espinas clavadas en mi ser si es que tuviera piel, a veces más cerca, a veces más lejos. Pero siempre hienden más profundo, abriendo heridas más profundas. Pero al menos existe el silencio. No se escuchan más gritos de esas almas que claman por ese tal Dios que nos abandonó a todos a nuestra suerte.
Si supieran la verdad, si supieran lo que hicimos por ellos...

Yo solo quería hacerles partícipes de la realidad, mostrarles el poder que teníamos a pesar de nuestra ausencia en el mundo durante tanto tiempo. Mostrarles lo frágiles que eran como criaturas inferiores, diseñadas a Su imagen. Hacerles ver que no pueden ser gobernados por el Hombre, que necesitan nuestra guía.

Todavía no estoy perdido, todavía puedo sobrevivir a esto. Debo hacerle entender que la necesitamos. Con tamaño poder escondido, ¿qué no podríamos hacer por estos humanos que tanto amamos? Diferentes modos, pero todos queremos ser los guías del rebaño.

No la veo, no la siento. Solo tengo el silencio y mi propio dolor reprimido. Sin poder gritar como desearía. He estado demasiado tiempo en esa maldita forma, la vanidad me ha hecho perder mi objetivo real en este tiempo. Pero cuando vuelva a sentirla, me escuchará, sentirá mis propósitos. Y seré libre una vez más.

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