28 may. 2015

Los libros comienzan a agotarse. No son consumidos, pero sí devorados por mí en cierto modo. El cine, la televisión en general, no me consuela. Siempre se ha dicho que nos estupidiza, y lo último que necesito es perder la conciencia y toda mi atención por el constante flujo de imágenes predipuestos para la distracción.

Encerrado en casa, una vez me sumerja en ese mundo que nunca se detiene será difícil escapar. Porque ella entra y sale cuando desea. Es su hogar, tiene cierta libertad, nadie la busca con tanto ahínco... pero yo debo permanecer aquí. Desde que el coche impactó contra el árbol que circundaba el bosque, he estado huyendo de la amenaza constante sobre mi cabeza. Ese miedo y esa ha huida me hacen temer por mi cordura. No puedo dejar de pensar en ello, por eso emprendo nuevas huidas. Pensar en otra cosa, esa es mi única salida.

Libros y pensamientos.

Han vuelto recuerdos de cuando todo era diferente, lejos de reproches, insultos y otros modos de desprecio. Cuando ella me buscaba. Cuando ella conservaba esa luz tan brillante que en su día me alejó de su lado. Ahora esta se apaga, pierde brillo, muere poco a poco.
No quiere creerme, pero está muriendo. Antes no soportaba su sola existencia, y ahora deseo mantenerla viva. Como una llama moribunda que intento proteger de la brisa aunque mi piel sea de fino papel.

Ella tiene algo que necesitamos fervientemente y ni siquiera somos conscientes de ello. Una responsabilidad grande, pero que debo concienciar y mostrar a todos. Tal vez, tal vez sea ese el camino.

1 comentario:

  1. Esa luz siempre fue una estúpida excusa para culparme injustamente de tus errores.

    -Dasha

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