7 may. 2015

Destrucción

La ciudad me parece mucho más oscura ahora.

Frágil, delicada. Llegan días más cálidos y los días se extienden un poco más en la luz que llega a nuestras calles. Es ignorante de muchas de las cosas que ocurren en sus calles.
Con el poder suficiente para poder hacer temblar sus cimientos, jamás pensé que podría regodearme suficiente en algo relativamente mucho más sencillo. Puedo quebrar una ciudad, plagarla de monstruos que harían realidad las pesadillas de niños y de los que ya no son tan niños.

Pero quebrar a una persona... es diferente. No diría placer. Pero sí te hace cuestionar cosas, te hace alejarte de todo. Como el que prefiere contemplar un terrible accidente desde fuera. Y te preguntas qué ocurrirá la siguiente vez, si es que repites algo semejante.

Dos vidas rotas, y en consecuencia de ello, quizás otras tantas a su vez.
Dicen que el poder de perdonar una vida es el verdadero poder. Pero tener la capacidad de destruir de ese modo... es algo que me ha hecho sentir mucho más vivo.

Más fácil, más intenso.
Y no sé si querré detenerme.

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