16 jun. 2015

Desde que partió, las nubes no han dejado de azotar mis tierras. Pesadas nubes cubren mi cielo y también mis pensamientos. No sé cuanto tiempo más lo soportaré. Anunciaron hace días que de no tener novedades por mi parte, se presentarían en este maldito castillo. Un regalo, parecía en un principio. Y un favor a devolver que es demasiado grande para mí.

Contemplo con la mirada perdida como las gotas impactan y se deshacen en el cristal, frente a mí, mientras pienso. No paro de recordar su mirada. Al instante había perdido las fuerzas para luchar, cuando escuchaba de mis labios la verdad que había hecho por ocultarle. Ahora sentía lo mismo que ella. No tenía fuerzas para continuar con la farsa, ya desvelada, ni seguir accediendo a sus locas pretensiones. Podría desenmascararlos a todos, pero antes me atraparían para asesinarme. Debían de estar al llegar.

Tal vez podría ser el escudo para que ellos tuvieran tiempo de actuar. Estaban advertidos, a pesar de que ya la había perdido para siempre. Puede que no fuera lo que ella creía respecto a mis sentimientos, pero por los Dioses que la extraño a mi lado. Quizás fuera la mejor que pudiera hacer dadas las circunstancias. Tan solo yo, como en los otros tiempos. Tomando la espada una vez más para eliminar a nuestros enemigos en común. Ojalá no hubiera sido tan cobarde hasta este momento. Confío en que en algún momento, en la eternidad que me espera, encontrar algo parecido al perdón.

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