2 nov. 2014

Segunda oportunidad

Todo se ha ido fuera de control. La situación se nos escapa de las manos y estamos recibiendo las consecuencias de nuestros actos.
Casi creí odiar a mi padre, durante apenas un segundo. Pero me es imposible odiarle. Aunque estaba tan enfadada que dije cosas que no pensaba. Me rectifiqué, pero él no parecía predispuesto a perdonarme en ese momento.

Me dio puerta, y dolida, marché.

Pensaba volver al anochecer, cuando los ánimos se hubieran calmado y las cosas pudieran hablarse. O al menos, no gritarse.
Pero no pude hacerlo.

El licántropo empezó a perseguirme por la espesura del bosque. Nunca había sentido tanto miedo. Pensé que no volvería a ver a mis seres queridos, y eso era lo que más daño me hacía.
Sentí un agudo dolor en el hombro, un fuerte mordisco que traería consecuencias terribles en un futuro si ese ser no acababa conmigo en ese mismo instante.

De pronto... una luz.

La bestia huyó y pude ver a mi salvador. El Maestro de Raziel me estaba salvando la vida.
Lo siguiente que recuerdo es masticar belladona y tragarla.
Luego, la peor noche de toda mi existencia. Creí morir en determinados momentos por la toxina de esas hierbas que podrían evitar la maldición.
Pero sobreviví. Alguien quería que mi vida continuase.

No sería un monstruo. Seguiría siendo la misma de siempre y podría volver a casa.
Agradecer y aprovechar esta segunda oportunidad.

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