21 nov. 2014

Aquellas ciudades temblaban, siendo pequeños universos vivientes que vivían, sentían y también morirían con el paso del tiempo. Pero en aquel momento, todo parecía estar al borde de la destrucción inminente. Demasiados frentes abiertos, demasiadas figuras poderosas con miedo, y por lo tanto con la capacidad para actuar precipitadamente.

Los usuarios de la magia, tan perseguidos y temidos, respondían ahora por primera vez desde que se iniciaran las cacerías. Cuando se limitaban a huir y a esconderse, no importaba los horrores a los que fueran sometidos. Cuando reclamaban venganza, todo era muy diferente.

Y mientras intentaban que estos no hiciesen arder el mundo, buscaban también destituir y atrapar al loco que los había encerrado, buscando forzarles a un compromiso que no querían o podían aceptar. Quizás así apaciguasen la ira de los magos, por entregarles al que quería acabar con ellos de una forma todavía más radical si era posible.

Y el heredero de todo aquel poder y también los problemas que venían en consecuencia, observaba el horizonte, amenazando llegar con oscuras nubes.
Su séquito trabajaba a sus espaldas, pero no era consciente de ello. Demasiado inmerso en sus propios pensamientos, intentando salvar su vida y la de aquellos a los que apreciaba, después de tanto tiempo. ¿Habría perdón para él? ¿Conseguiría no manchar la reputación y el nombre de ellos sus nuevos aliados? La pesadilla tendría que acabar en algún momento, y ciertamente: tendría suerte si es que conseguía escapar con vida, aunque fuese para vivir en la miseria.

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