10 ago. 2016

Hacía tiempo que no sentía el camino de vuelta a casa tan largo. Conducir a altas horas de la noche, sintiendo la adrenalina por contemplar los motivos por los que este mundo se cae... creía haber dejado esas vivencias atrás.

La vida era más emocionante cuando trabajaba en la calle e intentaba resolver los casos con todo lo que tenía, como uno más en las investigaciones. Ahora acabo de apartarme en el momento más interesante y crucial en una desaparición, sin saber si realmente podré seguir, después de un tiempo, a volver a ejercer.

Todo lo que rodea a esa muchacha es extraño. No es ella, es lo que hace y el aura que la rodea. Algo que por lo general me apartaría de ella, pero que por desgracia me hace sentir demasiado bien.

Se me escapa un suspiro después de darme cuenta de que conduzco sin rumbo concreto, vagando sin un destino. Demasiadas cosas en las que pensar, un futuro demasiado amplio y que ahora podría estar roto.

Debería advertirle de lo que podría venir.
También debería no preocuparme por una persona a la que apenas conozco.
En otras circunstancias, en otro momento de nuestras vidas, podría ser diferente. Podría no ser así. ¿Por qué cerrar esa puerta entonces?

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