15 feb. 2016

Cuando cierro los ojos para no ver el cielo lleno de estrellas, escucho mejor a los habitantes de este paraíso que aprovechan las últimas buenas horas de la noche que quedaban para pasear por este parque. Casi parece un fragmento de bosque que surgió en mitad de la ciudad, como una fuerza imparable y de inevitable atracción. Una fuerza rebelde que apareció y nos conquistó para quedarse.

Era joven, todavía estudiante, cuando me tumbaba como en estos momentos. Manos en la nuca, dejando que el tiempo pasara, sin perturbaciones, soñando con lo que estaba por venir. Quizás algún día me acompañase, enseñarle de verdad cómo latía el corazón con una nueva vida en mi hogar.

A mi regreso no todo fue bueno, desperté como si hubiera sido arrancada de la más perfect de las visiones. Mi tristeza era patente, y tenía que ocultarla de algún modo, al menos hasta volver a centrarme en mi objetivo. Vera tenía que estar harta de tantas vueltas, quizás algo frustrada al saber que no había conseguido mi objetivo. ¿Pero qué importaba? Incluso ella sonreía al saber del nuevo rumbo de nuestra historia. Muchos de los que eran cercanos también celebraron las nuevas noticias. Y es que entre tanta oscuridad, con la tormenta que vivían y que no parecía tener fin, todo aquel que pudiera escapar sería bienvenido. Me sentía libre, expectante, completa después de tanto tiempo buscando un camino.


Ella es la causa de un incendio en mi corazón, de toda la luz que brilla ahora en esta ciudad, de toda la esperanza que me queda por sentir.
Nunca creí que volvería a vivir.

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