8 feb. 2016

Algo que no ves

La destrucción del entorno parecía haber llegado a su fin.

La calma y el aire parecían llegar a él, mientras su mirada todavía permanecía perdida en el vacío. Aquella ignorancia, aquella bruma sobre las intenciones del que había creído un aliado en el pasado,  su traición, aquel rechazo de a quien creía tener como amistad...

Ese cúmulo de sucesos y emociones habían desembocado en una ira terrible. Odiaba el verse maniatado y preso de un hombre al que no había visto venir desde la oscuridad. No había reparado en su postura, descansando casi al borde de la caída sobre una mesa. Los temblores propios de aquel ataque ya desaparecían, poco a poco...

Desde que fuera libre, todo había cambiado mucho. Los lazos con los que había intentando retomar lo que fuera que quedase no habían sido reparados. No era sorpresa, pero también era decepcionante.
Y cuando creía que había encontrado algo bueno, también desaparecía.

Se estaba paseando por una de las tantas salas abandonadas de la torre donde antes había rebosado vida, aprendizaje, curiosidad, conocimiento... y en aquel entonces no quedaba nada ni nadie. Ni siquiera una voz que fingiera escucharle.
Aquello debía cambiar.

Mientras planeaba sobre un nuevo futuro, caminaba hacia las ventanas. Ya casi había olvidado su ira, apartándola para centrarse en esa nueva esperanza, en ese nuevo amanecer que estaba por llegar. Muy en el fondo sabía que era una forma de huir de sus propios pensamientos, del propio miedo a permanecer en soledad una vez más.

Había intentado crear algo, sin éxito, como tantas otras veces.
Si se precipitaba al abismo, ¿quién lo lamentaría?

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