22 abr. 2015

Salto o quietud

Me acerco demasiado a un abismo del que sé que no puedo escapar. Es como una terrible corriente de agua que corre en espiral hacia un pozo de dolor. Llevo demasiado tiempo acariciando sus aguas, como el que se acerca a un río para sentir el frescor de su carga.

Y aunque mire al cielo para evadir ese impulso casi irrefrenable por saltar, veo oscuras nubes que anuncian una tormenta destructiva, poderosa y terrorífica. No tengo salida, y sin embargo sí opciones. El salto o la extraña quietud. La necesidad de cambiar las emociones que me invaden hacen que escuche una poderosa invitación... hacia ese pozo.
Seré destruido, pero se romperá la monotonía, el despertar de nuevo con una agonía en el corazón.

No sé si creer de veras que no hay esperanza, que el que ha sido mi luz y mi camino a seguir es ahora alguien del que debo huir. Tal vez ellos siguieron caminando mientras yo sigo esperando del mismo modo en aquel pasado en que todo parecía acabar.
Tal vez él no sea el enemigo, el que me hiere, que me hace sufrir. Solo es su recuerdo que no dejo escapar en el tiempo.

Una mano me sostiene ahora, evitando que salte. Tal vez sea mejor esperar, cerrar los ojos y pensar en otra cosa. La tormenta podría huir.

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