14 abr. 2015

No suelo escribir mis pensamientos pero... necesito desahogarme. Sobre el papiro, las letras y las palabras llegan por sí solas, sin necesidad de pensarlas demasiado. Solo mover la pluma y derramar palabras. Como una ponzoña que mata si no se extrae a tiempo.

Mis miedos... mi rabia... el dolor... todo eso ha sacado lo peor de mí. Pensé en la venganza, pensé en luchar yendo a por todas, sin pensar nada más que en sobrevivir. Me he sentido impulsada por mis instintos más primarios. No es algo anti-natural, pero es contra lo que siempre he luchado. La violencia y la venganza.
Fui la primera en atacar y... ¿también la última? No lo sé, solo recuerdo mi mano sobre el vientre de esa mujer, mis labios murmurando un conjuro y un calor saliendo de mi mano, que se vio bañada por la sangre de ella.
No sé si fue el último golpe, pero al menos fue uno muy violento.

Creo que ya van tres veces que la palabra violencia se escribe sobre este papiro. Cuatro.

Zekkyou dice que él acabó con ella después de mi ataque. Pero... no puedo evitar que una parte de mí dude. Ya se tambaleaba, ya reculaba aún cuando en su último impulso me clavó el frío acero en el hombro. Todo se volvió oscuro para mí, ¿pero quién me dice a mí que no ocurrió lo mismo con ella poco después? ¿A mis manos? De una oscuridad de la que nunca pudo escapar.

Mis manos están manchadas de sangre, y una parte de mí teme una sombría y terrible realidad.
Y todos mis ideales desaparecen cuando todos esos oscuros sentimientos se apoderan de mi ser.

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