9 feb. 2015

Perder el control es una de las sensaciones más desagradables y frustrantes que he tenido el horror de tener que soportar. Es la inseguridad, es el miedo, es no poder relacionarme con los demás por temor a una mala palabra. Porque cualquier cosa puede hacerme explotar en la rabia, en el pánico.

Y mientras tanto ella no dejaba de insistir, de buscarme. De querer saber qué me ocurre cuando es lo último que puedo permitirme que descubra. El avance de la mancha que parece ser mi sangre se ha detenido en su avance, o quizás vaya tan lento que sea imperceptible para mí.
Tal vez lo haga también mi ira, tal vez logre vencer este descontrol a base de fuerza de voluntad.

Desde que me hirieron... todo por culpa de esa hoja infecta.
Los asesinos, en un momento de lucidez, mientras reflexiono y medito para llamar a la calma, eran demasiado astutos. Si no podían aniquilarnos a cuchillo, se asegurarían con heridas como la mía de que nos destruyésemos a nosotros mismos. Con mi fuerza y mi habilidad podrían haberlo logrado de una forma muy fácil. Iefel era muy inocente, aún con sus años. Therin se sumergiría en mis brazos a la mínima llamada. Ethan sería un reto, pero mediante engaño podría quedar indefenso.

Pero eso, desde luego, sería la vía fácil. Satisfacer mi rabia y mi saña contra los que más quiero en estos momentos. Los que me han dado un hogar, una vida, un calor.
Después de acabar con ellos, si es que sobrevivía para seguir en mi lucha contra el mundo, ¿qué ocurriría? ¿Más rabia? ¿Más sangre? ¿Cuanto tiempo tardaría en caer bajo otra espada para evitar más daños a otros inocentes?

Todavía puedo luchar y lo haré. He sobrevivido a incontables cosas, y ahora que tengo grandes motivos para luchar, no va a ser menos. No voy a rendirme. No solo por ellos. Me dejaré llevar por el orgullo, con tal de proteger a los objetivos de mi afecto.

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