20 ago. 2014

Sueños

Abres los ojos y te descubres en la total oscuridad. Tienes la certeza de que es la misma oscuridad que te asfixiaba en la eternidad que te parecía el tiempo que estuviste encerrada en el Abismo.
Pero poco a poco se desvanece, desaparece como una niebla que se disipa. Pero de ella permanecen formas, siluetas. Son igual que tú. Te observan, también entre ellas. Pero poco a poco se van alejando de ti... como arrastradas por una mano invisible que las toma de sus espaldas. Todos se alejan salvo dos.

Permanecen a tu lado. Girándose para mirarte, a cada lado de tu cuerpo. Pero en tu interior sabes que no permanecerán mucho tiempo allí, por más que lo desees.
Una de esas figuras comienza a recular lentamente, difuminándose con esa nada, ese blanco que predomina y ciega tu visión.
La otra, se gira de golpe y huye de forma precipitada, sin siquiera mirar hacia atrás.

La soledad te rodea por momentos.
Pero una figura aparece sin que pudieras percibirla antes. No es oscuridad lo que llenan las líneas que definen su existencia en ese extraño lugar. Si el caos necesitase un color, sería una marea en constante movimiento de vetas negras y púrpura. Como un calmado torbellino de esas vetas.

Se acerca lentamente a ti, pasos lentos, calmados. Incluso dirías que se dedica a observar su entorno, curioso. Entonces, cuando estáis frente al otro, él habla por primera vez. Voz irreconocible, pero dulce además de sus palabras.

- Todo será diferente.

Y como una promesa que no sabes si será, te llena con su calor, depertando de forma, aunque inquieta, también placida a la misma vez.
Muy en el fondo, hay una pequeña llama de esperanza.

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