29 jun. 2013

Hay una quietud inamovible en el bosque. Todas las criaturas que allí conviven, que se muestran o no a los ojos de los mortales, descansan apaciblemente. Ya no existe el crepúsculo, sino una noche que parece eterna.

Pero hay un lugar, lejos del castillo que parece reinar sobre ese lugar, que desprende luz. Una hoguera da lumbre a su alrededor. Y una figura aguarda, en silencio, oteando a su alrededor. Y esperando a que vuelva aparecer la imagen de aquella muchacha al otro lado de un espejo colocado al pie de una roca. Como una puerta en un lugar imposible, una puerta a una dimensión pequeña, con una única salida.

Y la curiosidad que una vez le enseñaron, como el niño que cruelmente observa como sufre un pequeño animal, se pregunta que ocurriría. Para evitar verse vencido por ella, ha preparado su salida. Porque hay una naturaleza salvaje que se ha impuesto en su interior.
Sigue aguardando a ver su mirada, sus ojos empañados en lágrimas, y una sonrisa triste.

Y la extrañaba. Pero tal y como se había hablado en el castillo... ¿la liberaría para volver a verla sufrir?

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