28 feb. 2012

Podrido

Mi nombre es Yvonne Laroche... aunque ya me conoceréis.
Mi vida ha cambiado por completo en una sola noche.
Al menos he comenzado a hacer otras cosas, y si lo miro por el lado bueno, tengo casa propia y ya no tengo que irme como hizo la cobarde de mi madre.

No sé dónde está Jack, pero a veces recibo pistas y algunas personas me lanzan indirectas sobre su paradero. ¿Indirectas a mí? ¡Oh vamos! Si no tengo ni la ESO, ¿en serio esperan que las entienda?
Ayudé a Andrea a mi puro estilo, engañando. Su padre cree que soy de una especie de organización para ayudar a los drogodependientes. Al menos se han reconciliado y Andrea continua con su carrera universitaria. E intento por todos los medios que no se drogue, pero ella parece no querer volver a hacerlo.

Ojalá yo también pudiera seguir una carrera. Pero lo cierto es que ya tengo trabajo, y aunque mi jefe sea un excéntrico al menos me da para comer y pagar algunas facturas.
Andrea estudia lo que le gusta... pero ¿cómo voy a estudiar yo algo que me gusta? Lo que yo quiero es ser cantante. Sí, es un sueño infantil, pero es mi sueño. Y sé que lo hago bien.

Tampoco tengo tiempo para buscar algún anuncio, escuela, cartel o lo que sea que me indique algún camino hacia ese éxito. Y en esta mierda de barrio los sueños se sienten oprimidos, entre el polvo y la miseria.

En fin. Mucha gente parece saber cosas de mi hermano. Una mujer y un hombre ya me han hablado sobre cosas. Estuve en un lugar extraño donde había personas... que tenían los ojos rojos como la sangre. Aún invaden mis pesadillas.
Y aunque parezca que sí, no confío tanto en mi jefe como para volver a aceptar una misión semejante.

Aún no encuentro sentido a tanta información. Una niña perdida. A saber que coño le estarán haciendo... y además gente que desaparece en ese garito. Al menos ponen buena música.

Y a pesar de que esas personas, como la mujer y el hombre me ofrecen ayuda, me cuesta aceptarla. En el fondo quizá no quiero conocer que demonios pasó aquella noche. Y mi hermano... es lo único que me anima a aceptar tal ayuda.
Pero seguro que ni siquiera recibiría una palabra amable por su parte.

Todo esto huele a podrido.

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