17 oct. 2014

un extraño obsequio

Se maldijo muchas veces a sí mismo, recordandose que no debería haberse confiado. Que no debería haber hecho el idiota haciendo todo ese camino, todo por el impulso de querer hacer algo por ella. No era nada, no eran nada, y sin embargo, la emoción de conseguirlo era mayor que cualquier otra cosa.
Era el pensamiento que le alimentaba cuando se detenía a descansar en una cueva lo suficientemente grande como para encontrarlo. Lo mejor era que tenía tiempo suficiente como para reflexionar.

Por suerte, su cuerpo había desarrollado una entereza particular ante las temperaturas algo límite, aunque tenía un límite. A menudo sufría por la escalada y por el frío.
Y las noches resultaban aterradoras. La naturaleza podía ser tu amiga o tu peor enemiga, y aquel paraje mostraba claramente qué es lo que prefería ser. Además de las criaturas que allí habitaban... nada parecido a lo que viera en bosques o en otros paisajes de montaña.

"Los tesoros más preciosos tiene los guardianes más escalofriantes"

Y casi le va la vida en ese pensamiento.
Un depredador extraviado, tal vez buscando alguna presa que huyera estúpidamente en esa dirección, le encontró. Las armas que portaba no le sirvieron de nada, solo el azar le ayudó a escapar de esa situación, al hacer caer a la bestia por un precipicio.
No esperó a que la suerte le sonriera una vez más, y huyó para esconderse. Mientras buscaba hacerse lo menos notable en la cueva, algo hirió su mano, haciendo un corte.

Mirando el origen de la herida, encontró aquella maravilla.
Brillando aunque apenas llegara la luz del sol, escondiendo esas flores que tanto buscaba para su colección del libro, perfectas en su forma.
La sonrisa que logró tener no desapareció pues no podía evitar pensar en cómo reaccionaría, en qué le diría, cómo lo apreciaría. Un extraño obsequio, pero perfecto para ella.

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