26 oct. 2014

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El sótano parecía un buen lugar, por el momento. El cuerpo rodó violentamente sobre cada escalón cuando caía, hasta finalmente detenerse finalizando el estruendo.
Solo acertó a dejar un gemido de dolor. Ella bajó para ponerse a su altura, mientras el pobre infeliz que solo empezaba a sufrir se arrastraba quizás intentando encontrar ayuda o algún arma con la que defenderse.

Tuvo el tiempo suficiente para encender algunas velas que iluminarían aquel almacén sin que este pudiera hacer demasiado. Las piernas heridas por algún que otro golpe ya mostraban una pose nada natural, pero seguía arrastrándolas provocándose más dolor todavía.

- Dicen que eso duele... - dejó escapar de sus labios antes de tener que contener una risa, solo por la situación que tenía delante. Avanzó hasta pisar su cuerpo, haciendo que el pecho de ese hombre quedara pegado al suelo, sin opción a moverse más de forma horizontal. - Ahora... ¿vas a decirme lo que quiero escuchar? ¿O tendré que hacer que lo demuestres?

Bajo su pie, su víctima temblaba. Su cuerpo vibraba por un llanto mal disimulado.
Podía hacerlo cuanto quisiese, mientras no subiera de ahí. De cualquier modo, nadie lo escucharía en mucho tiempo. Incluso el cadáver podía ser encontrado días después, si decidía no colaborar. Y efectivamente, seguía sin encontrar respuesta en él.

De pronto, la maza que sostenía en una de sus manos parecía querer tomar la terrible decisión de convertir esa cabeza en una desagradable mezcolanza de sangre y carne destrozada. Suspiro larga y lentamente, manteniendose férrea en su decisión. Todavía no. Los arranques de ira estaban condenados, nunca llevaban a nada bueno. Aquello era con un fin, un fin determinado y glorioso, que libraría al mundo de una de tantas plagas.

Solo entonces se vio distraída, cuando alguien decidió de forma totalmente incauta descubrir su posición.

- ¿Tío? ¿Tío Iefel?

Al final, los Dioses proveían de una forma inesperada para allanar el camino. Con ella, el mago encubierto sería desenmascarado de una forma todavía más sencilla.

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Ni siquiera había tenido tiempo de reaccionar, acertar a preparar un conjuro antes de que atacara a la niña, dejandola totalmente inerte en el suelo.
Había caído directamente, sin apenas un grito de dolor. Cerró los ojos y cayó al suelo de una forma brutal, quizás sin vida. Y esa posibilidad terminó de quitarle todo el miedo a ser descubierto, torturado o directamente atado para ser pasto de las llamas.

La frialdad se hizo dueña de su mente, y la magia se arremolinó en su interior. Al mismo tiempo, como una nueva y terrible interrupción, el muchacho que en los últimos días le daba esperanza para sobrevivir un día más. Estaba bajando las escaleras igual que lo hizo ella.

La inquisidora apenas había tenido tiempo para ocuparse de él cuando tenía una nueva víctima a su alcance. La sonrisa lobuna que se mostró en su rostro no tendría parangón en mucho tiempo.
El recién llegado no tardó en entender la situación, que no dejaba demasiadas dudas a la interpretación. Rápidamente retrocedió, dispuesto a dejar claro al mundo lo que estaba a pasando a voz en grito. Ella lo sabía, y tenía que detenerlo a toda costa. Era pronto para que todo fuera descubierto.

Y aquella fue su oportunidad. Las llamas que impactaron contra la espalda de la servidora de los dioses no tardó en ser consumida por unas voraces llamas... Sus gritos fueron apagados prudentemente por un nuevo proyectil mágico, pero tardó en dejar de retorcerse, terca en su lucha y su voluntad de vivir.

Las lágrimas se le escapaban, mientras ignoraba ya a su víctima y buscaba el cuerpo de la pequeña. No podría seguir con aquella vida en su conciencia.
Pero el calor... su corazón... latiendo, viviendo. Igual que él volvía a hacer.

1 comentario:

  1. Pero ahora estás muerta. Jódete.

    ~Kyra~

    Hay demasiadas oscuridades en este mundo que cada día me provocan más temores...

    -Therin

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