25 nov. 2012

Humo en la ciudad blanca

Aquí, en Uppsala, las cosas han cambiado desde la última vez.
Viajé para solucionar el asunto de la catedral, luchando contra una criatura monstruosa a la que finalmente pude derrotar con la ayuda de Falk... que ahora yace en coma.
Maldita sea, y la cosa no queda en eso.
Son demasiados sucesos en tan poco tiempo.

Esa vez en la cual sentí todo tipo de sensaciones. Esa vez... cuando mis sentidos estaban nublados por el exceso de alcohol y experimenté el tacto de mi primer beso. Con Andrea.
Y una vez liberada mi nube, pude corresponder libremente, pensando que no volvería a verla en mucho tiempo y esperando que ella viniera algún día a buscarme.

Pero... ¿por qué?
Es solo un murmullo el que me dice “déjate llevar”, pero el resto de mi ser me advierte las consecuencias de todo esto. Y en tan poco tiempo no he podido alcanzar más que un sentimiento leve.

Ahora he vuelto a Uppsala, y las cosas no van nada bien. Ella me dijo que tenía que ir a Estocolmo, donde comenzaron una serie de catástrofes que se mudaron después a su vez en la pequeña ciudad blanca a la que fui.
Y no contestaba. Nadie sabía donde estaba ella.
Ya no aguanté más y tuve que partir en busca de un rastro, una respuesta.

Aquí está ahora, herida, pero a salvo a mi lado. Han habido más besos fugaces, y mi cuerpo por fin ha conseguido relajarse después de toda la tensión acumulada en estos días.
He logrado traerla de vuelta, protegerla de aquello que amenaza ahí fuera. Aquello a lo que tarde o temprano me tendré que enfrentar.

Y luego... ¿qué hago con toda esta incertidumbre que llevo dentro? ¿qué significa para mí todo lo ocurrido? ¿y Andrea?

Las respuestas no están por ninguna parte, y de momento... tengo que centrarme en todo el humo que cubre la ciudad de Uppsala.

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