6 jul. 2017

Después de la pérdida

Había pasado como una semana desde que sus vidas se rompieran. Ya la habían despedido de forma individual, entre ellos y también junto al mundo, al menos desde ese minúsculo rincón de Estocolmo. Sin embargo, la pérdida todavía les hacía sentir vacíos.

Con esa sensación que a veces les robaba el aliento, o a veces no les dejaba pensar, habían conseguido hablar una vez más y volver a verse. Alguno había dicho de hacer algo así como una visita mensual, en la que poder concentrarse y aunque sea intentara hablar.

No todos habían demostrado el mismo entusiasmo ante esa idea, pero ahí estaban.

Falk había aparecido después de permanecer escondido unos cuantos días, para evitar nuevos incidentes. Cuando Andrea llegó, este se apartó ligeramente, mirando hacia otra parte. Daniel había sido el primero en llegar, perdido desde entonces con el paso del tiempo. Greguer fue el último en llegar, con gesto cansado y evidente cansancio.

— Buenas noches. — saludó con gesto, grave, pidiendo una bebida con un gesto de mano. — ¿Qué tal estáis?

Daniel, que pareció emerger de sus pensamientos, se encogió de hombros mientras le miraba y soltó una especie de respuesta.

— Sí... bien, creo... algo así. — concluyó, con un hilo de voz. Andrea acercó la mano a su espalda y la acarició con tranquilidad.

— Sobrevivimos. — se atrevió ella a completar, haciendo un amago de sonrisa.

— Eso es bueno. — respondió Greguer, y en ese momento un camarero le sirvió la bebida habitual con destreza, dejándoles solos una vez más. — ¿Y tú, Falk? ¿Cómo te han ido estos días?

— Mal. Y sigo preguntándome qué coño hacemos aquí, salvo perder el tiempo.

Todo el ambiente se enturbió. Podía haber declinado la invitación, pero parecía disfrutar de estar ahí y enrarecer el momento, mostrándose siempre igual de destruido. Y, por supuesto, dispuesto a destruir a los demás.

— Nuestras vidas siguen... y no tenemos por qué desaparecer entre nosotros. — aportó Greguer, intentando sonar conciliador, y no dejarse llevar por esa ira que su actitud le provocaba desde que ella no estaba. — Podemos sacar algo bueno de todo esto: esto que está pasando.

Falk ya estaba poniendo los ojos en blanco, pero esa conclusión terminó por hacerle estallar.

— No. No. Ya basta. — se puso en pie, casi tumbando la silla sobre la que había estado sentado. — Esto es una gilipollez. No hay nada bueno de todo esto. Solo podemos seguir respirando. Daniel es listo y ya ha empezado a volver la cabeza. Pero no voy a colaborar con esto ni a dejarme llevar por jodidas fantasías. — dijo señalando a Andrea, que habría empalidecido de poder, pero sí tensó su expresión. —A la mierda.

Y salió del bar, dejando atrás las ruinas de lo que fue su vida.

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